CASADEMONT ZARAGOZA
Radiografía del divorcio entre Jesús Ramírez y la plantilla del Casademont Zaragoza
El ya exentrenador del equipo aragonés había perdido la confianza de los jugadores

Jesús Ramírez da instrucciones durante el último partido al frente del Casademont Zaragoza. / Jaime Galindo / EPA
El proyecto de Jesús Ramírez en el Casademont Zaragoza ha llegado a su fin antes de tiempo. El entrenador catalán firmó el pasado verano un contrato de dos temporadas ampliable otras dos más con la intención de construir algo a medio y largo plazo, lo que tanto necesita el club, pero no ha terminado ni la primera. Ha dirigido al equipo en 20 partidos de Liga consiguiendo tan solo seis triunfos, solo tres en casa, un bagaje demasiado pobre, mientras en la FIBA Europe Cup le ha condenado una lamentable segunda fase.
Los resultados no han sido ni buenos ni los esperados, pero las razones de su despido van más allá de ellos. La configuración de la plantilla de esta temporada no fue la mejor, como revela el dato de que tres de los cinco fichajes ya no estén en Zaragoza, cuatro de seis si se incluye al propio técnico, o la necesidad de hacer hasta dos descartes de profesionales en Europa para incluir a jugadores del U22 para cumplir con los cupos, pero la gestión de Ramírez tampoco ha servido para obtener el mejor rendimiento posible de los jugadores.
Tan significativo fue el dardo que dejó el entrenador en su carta de despedida, agradeciendo a “los jugadores que hayan tenido compromiso”, como el hecho de que ningún miembro de la plantilla dejara ningún mensaje de agradecimiento o despedida para el técnico. Es más, alguno, Devin Robinson, dio un “me gusta” a la publicación de su destitución en Instagram, mientras otros posteaban lo que habían hecho en su día libre sin mención alguna de lo que ocurría en el club.
Síntomas de que la plantilla hacía días que había dejado de creer en Jesús Ramírez, manifestados también en enfrentamientos públicos con jugadores como Erik Stevenson o en las discusiones del último partido frente al Joventut. El técnico no ha tenido claros los roles ni cómo sacar rendimiento a la plantilla. Por ejemplo, Joaquín Rodríguez, uno de los más destacados, iba a ser el descarte y solo la lesión de Kabaca y su buen rendimiento cambiaron esa condición.
Pero hay más. El mejor del Casademont estaba siendo Santi Yusta, protagonizando la mejor temporada de su carrera jugando en el ‘dos’, igual que en la selección, pero Ramírez acabó moviéndolo al tres para tapar otros huecos. El caso de Erik Stevenson fue público y notorio y acabó con el jugador fuera tras un enfrentamiento en pleno partido. Una situación que no dejó en buen lugar al técnico con el resto de ‘americanos’ de la plantilla.
El caso más paradigmático ha estado en el ‘cinco’. El club apostó ahí por mantener a Dubljevic, con contrato para esta temporada ampliable a otra más pero con una pérdida de confianza notable desde su lesión en la mano, y por el cedido Joel Soriano, mientras a su vez cedía a Nate Watson, con contrato hasta 2027, al Panionios, en busca de un mayor físico que nunca ha llegado a tener.
Dubi no ha recuperado esa confianza y el club incluso llegó a plantearse su salida, mientras que el rendimiento de Soriano nunca estuvo a la altura de lo esperado y su actitud, tampoco. Pero una vez que se decidió su salida, pendiente únicamente de que el Valencia le encontrara un nuevo destino, Ramírez siguió utilizándolo pese a haber perdido la confianza en él. La llegada de Koumadje tampoco resolvió el problema (esguince de rodilla del chadiano de por medio) y el técnico ha acabado jugando con Robinson al ‘cinco’ en más de una ocasión.
En el cuatro, con Kabaca sin llegar a debutar, Robinson se ha quedado solo, con Stephens y Miguel González echando una mano, ya que Ramírez no ha llegado a confiar en Jaime Fernández. El zaragozano, tras su gran campaña el curso pasado, apenas ha tenido minutos ni protagonismo en la actual.
También ha estado en la picota Marco Spissu, cuyo rendimiento está lejos del de la temporada pasada. El base ha tenido problemas físicos en uno de sus pies con una fascitis plantar que ni avanzaba a grave ni remitía, pero tampoco parece estar ya a gusto en el equipo y, de hecho, ha estado también en el punto de mira de la entidad. La desgraciada lesión de Bell-Haynes hizo al club mover ficha con el fichaje de Isaiah Washington, pero Ramírez ha seguido confiando más en el italiano pese a todo.
El ya exentrenador del Casademont no ha sido capaz de enderezar todo eso, de recuperar a los jugadores para la causa, ni de construir un equipo reconocible. Después de varios meses de competición, la sensación seguía siendo de que el Casademont dependía en exceso de sus individualidades, Bell-Haynes, Yusta y Robinson, sin terminar de apreciar señales de equipo, una base, una idea, algo que identificara al conjunto aragonés como una obra de autor de su entrenador. Por eso su tiempo en Zaragoza se ha acabado antes de lo previsto.
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