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Casademont Zaragoza

La enfermedad que no ha impedido a Helena Pueyo, jugadora del Casademont, llegar a la élite: "Tuve que empezar de cero"

La balear habla también de sus inicios en un vídeo de la FEB y confiesa que de pequeña quería ser portera de fútbol

Helena Pueyo, durante la realización de una entrevista con este diario

Helena Pueyo, durante la realización de una entrevista con este diario / MIGUEL ANGEL GRACIA

Arturo Pola

Arturo Pola

Zaragoza

Que Helena Pueyo es una de las jugadoras españolas del momento es de sobras conocido. Lo que mucha gente no sabe es que la jugadora del Casademont tiene que lidiar desde 2011 con una enfermedad que le ha obligado a cambiar sus rutinas. A la balear le diagnosticaron diabetes cuando tenía 10 años y desde ese momento "comienzas a conocer otro mundo".

Así lo asegura la deportista en un vídeo publicado por la Federación Española de Baloncesto. En él, Helena Pueyo confiesa que al principio "no sabía si iba a poder seguir jugando". "Tuve que empezar de cero, con muchas dudas. Fue el momento que más me costó, pero aprendí rápido", relata. De hecho, la del Casademont asegura que fue muy disciplinada porque "hacía todo lo que me mandaban".

Eso le ha ayudado para que la diabetes no la frenara. "Ahora lo controlo muy bien, aunque ser constante es complicado", explica. Uno de los momentos de más altibajos es, precisamente, durante los partidos. "Ahí, con toda la adrenalina en el cuerpo es cuando más me sube el azúcar. Después me pasa lo contrario, que me baja en picado. Lo importante es concoerte bien y saber gestionarlo", relata una Pueyo que afirma que se mide el azúcar en los descansos.

Los primeros pasos

En la publicación de la FEB, la balear también habla de sus inicios en el baloncesto. "Empecé a jugar a los tres o cuatro años, éramos un grupo mixto", recuerda. "Mi hermano mayor también jugaba y mi primer entrenador fue Álex Abrines", cuenta como anécdota.

Pero a la jugadora del Casademont también le gustaba mucho el fútbol de pequeña. "Lo importante era hacer deporte, daba igual cuál. Un año pedí que me compraran unos guantes porque quería ser portera", reconoce entre risas.

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