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Casademont Zaragoza

Entrevista con Joan Plaza, entrenador del Casademont Zaragoza: "Al que esté solo y no tire lo voy a sentar"

El técnico catalán comparte sus primeras impresiones sobre su llegada a Zaragoza, su diagnóstico sobre la situación del Casademont y lo que espera de esta nueva etapa a muy pocos días de debutar ante... su exequipo

Joan Plaza, en Puerta Cinegia antes de la realización de esta entrevista

Joan Plaza, en Puerta Cinegia antes de la realización de esta entrevista / JOSEMA MOLINA

Arturo Pola

Arturo Pola

Zaragoza

-¿Qué se ha encontrado en Zaragoza? ¿Son buenas sus primeras sensaciones?

-Lo primero que debo decir es que los chicos están trabajando bien. Por lo que me dicen mis ayudantes, percibo un cambio de chip, que esto suele pasar, pero también es verdad que no sabes cuánto dura. Cuando suceden estas cosas, es cierto que todo el mundo ha bajado un poco el pistón en la exigencia y probablemente no han dado su mejor versión desde hace semanas; ese es uno de los motivos por los que estoy aquí, no me engaño. Veo buena estructura, seriedad en el club y deseo de que esto funcione, de que se acabe esta cascada de entrenadores en poco tiempo.

-¿Se entrena ahora más que antes? Le pregunto por, imagino que le habrá llegado, por el mensaje de DJ Stephens en le que hablaba de dos horas y media de trabajo que no gustó mucho a la afición.

-Me consta que ven otro perfil de entrenamiento, otra manera, ni mejor ni peor, distinta. Es posible que estemos ahondando más: los entrenadores a veces somos un poco paranoicos y queremos aprovechar el tiempo, y en estos días de parón alargas más de lo que harás en plena competición, donde tampoco puedes sobrecargar. Pero siempre he intentado que los jugadores entiendan que somos unos privilegiados: no trabajamos en un banco, ni en una mina; trabajamos en nuestra vocación y a veces se olvida. Hay que lograr que lo entiendan y que, a la vez, se diviertan mejorando aspectos menos propicios, como la defensa.

-¿Qué diagnóstico hacía desde fuera de la situación del Casademont? ¿Ha cambiado ahora?

-Se juntan varios factores y ninguno en concreto. El diseño de la plantilla en verano era bastante compensado: tiradores, manejadores, hombres grandes. Luego hay quien se adapta mejor o peor al club, a la ciudad, al entrenador, a los compañeros. Echo de menos la exigencia que había al principio con los jugadores, pero por eso no he echado las campanas al vuelo aunque ahora estén trabajando bien. Jesús (Ramírez) es un gran entrenador e intentó implantar un estilo; a veces, intentando que todo el mundo se sienta importante, se diluyen responsabilidades y los que deben tenerlas las tienen menos. Es una sensación después de hablar con casi todos individualmente. Potencial hay, pero hay que dar con la tecla entre todos: jugadores, club, público, prensa… Zaragoza tiene mimbres para ello.

-¿Cómo se ha encontrado las cabezas del vestuario? ¿Son conscientes del riesgo real de descenso?

-Insistimos mucho en eso. Los que sufren más son los jefes, el aficionado y los entrenadores. Los jugadores a veces hoy están aquí y mañana allí, por eso en el reclutamiento es importante que entiendan la idiosincrasia del club y lo importante que es el baloncesto en Zaragoza. He encontrado gente preocupada y consciente de que estaba dando un nivel menor del esperado o que su nivel había decrecido con la temporada. No hay una razón específica: a veces táctica, a veces compañeros, dinámicas… pierdes varios partidos por diferencias cortas, compites bien y en un cuarto te caes por falta de solidez. Cuando se hundían, se hundían todos; no había alguien capaz de amalgamar al equipo y evitar rendirse. Eso te lleva a parciales que cuestan partidos muy importantes.

-Llega a una plantilla hecha, pero ha habido un movimiento con el fichaje de Wright-Foreman y la salida de Richardson. ¿Cuánto ha tenido que ver usted en ese cambio?

-A los pocos días me piden feedback de lo que encuentro. Y veo que falta de un anotador, un tirador saliendo de bloqueos indirectos. El mercado no permite grandes lujos y se intentó fichar a Josh Richardson. Él, sano, no estaría en Zaragoza, ni en España, probablemente ni en Europa. Pero llevaba dos años jugando muy poco, requería tratamientos, y en este momento lo que quieres es remar todos juntos; no puedes hacer excepciones. El contrato era temporal y hablando con pesos pesados del vestuario había miedo a que una lesión nos dejara vendidos. Eso transmití y el club ofreció la opción de Wright-Foreman. Lo miramos con mis ayudantes: venía de jugar muchos minutos, con ganas de reivindicarse, y encajaba como anotador y también manejador. Hoy en día tienes que jugar casi con dos bases o manejadores a la vez y se echaba de menos ese segundo manejador. La falta de amenaza exterior no se ha podido suplir del todo porque no es fácil encontrar a estas alturas un jugador libre de ese nivel.

-Entonces, ¿la salida de Richardson llega más por decisión del club que del jugador?

-Me consta que él quería saber si iba a ser renovado porque tenía otras opciones. Por mi parte, lo que transmití fue la inseguridad de que cualquier golpe nos dejara sin un miembro que debía ser fundamental. Y se decide en base a eso.

-Su fichaje llega poco después de su salida de Andorra. ¿Cómo vivió esas dos semanas?

-Hablé con alguien que vivió algo parecido: Ibón Navarro. Yo salgo de Andorra e intento cerrarme en casa; incluso pensaba en hacer un viaje, como otras veces he hecho a Denver o a Phoenix: ver entrenamientos, desconectar unos días y volver a activarme. Pero me llaman un domingo, hablan con mi agente y en tres o cuatro días nos ponemos de acuerdo.

-Con lo que tiene en plantilla, ¿a qué quiere jugar Joan Plaza con este Casademont?

-Lo primero es que todos seamos conscientes de la necesidad perentoria de salvarnos: estamos a dos partidos del descenso, quedan 15 partidos, queda poco tiempo. Hay que optimizar lo que tenemos y que cada jugador dé esa versión que en algún momento se ha visto. Más allá de velocidad o etiquetas, quiero hechos: competir cada balón dividido, defender mejor, rebotear mucho mejor como al inicio de temporada, y apartar cualquier atisbo de egoísmo. Que el balón circule, que nadie quiera arreglarlo por su lado.

-Casualidades de la vida, le toca debutar en la que era su casa hasta hace nada. ¿Qué se le está pasando por la cabeza estos días?

-El director técnico y el director general me lo dijeron y juro por mis padres que no sabía ese detalle. En una situación comprometida solo miras al siguiente rival. A nivel emocional, por lo que me llega, me recibirán bien. Conozco a los jugadores y eso da una ventaja, pero también puede generar reivindicación. De los doce, me han llamado nueve. Creo que dejé más amigos que enemigos. El entrenador que me sustituyó fue ayudante mío cinco años. Nos vimos al poco y estuve hora y media explicándole lo que pudiera ayudar. Tácticamente espero que ellos hayan cambiado cosas en estos diez días y aumenten bagaje para que yo no sepa tanto. Yo no baso mi estrategia en destruir al rival, quiero que los míos sean proactivos e implanten criterio. Me gustaría ver al equipo bien plantado desde el principio.

-Se tiene que adaptar a lo que tiene, pero ahora le hago la pregunta contraria: ¿Hay algún jugador del Casademont que le guste especialmente o que haya intentado fichar para otros proyectos?

- Sí. Algunos incluso este verano, aunque tuvieran contrato aquí, algún agente los ofreció. Otro lo intenté fichar en la época de San Petersburgo, estando en Euroliga. Hay cuatro jugadores que en algún momento de mi carrera quise fichar.

-Dígame quiénes.

-No eso no, pero a poco que la gente esté un poco avispada son muy fáciles de adivinar...

Joan Plaza, durante la realización de esta entrevista

Joan Plaza, durante la realización de esta entrevista / JOSEMA MOLINA

-Pues hablemos de nombres propios. ¿Qué espera de Santi Yusta como jugador y como capitán?

-A todos les he pedido lo mismo: ahora cualquier forma de egoísmo, si se entiende así, se deja a un lado por el equipo. Y no tengo a Santi como alguien egoísta. En él he encontrado una persona quizá más introvertida de lo que esperaba. Tiene ganas de sacar esto adelante incluso a costa de reducir minutos o puntos para defender mejor, ayudar al rebote o perder menos balones. Lidera más desde el ejemplo que desde la palabra.

-Voy ahora con los pívots, que el juego interior no ha funcionado nada bien hasta ahora: Dubljevic.

- Quien va a sacar esto del atolladero son sobre todo los jugadores que están desde el principio. Dubi es fundamental. Mientras sea jugador tuyo vas a muerte con él: ayudarle a sacar su mejor versión. El Dubi de hoy no es el de hace diez años, pero su experiencia influye, atrae defensas y tiene peso. Me ha sorprendido cómo entrena: se ha llevado golpes sin quejarse, sabiendo que juega con alguien de envergadura superior (Koumadje). No se ha parado ningún día y es increíble cómo estimula a los jóvenes. La estadística dice lo que dice: somos el equipo que más balones pierde y el que peor tira de tres. Necesitamos ser más concisos y también tirar, aunque no tengamos gran porcentaje. Eso abre espacios para él. Defensivamente estoy contento con lo que le estoy viendo. Dubi debe ser clave en la remontada.

-¿Cómo piensa aprovechar a un jugador tan especial como Koumadje?

-Es un perfil muy específico. Tras hablar con él, quiere centrarse en lo que puede hacer ahora. Por lo que me dicen mis ayudantes, le costaba entrenar a principios de semana, pero estos diez días su nivel de esfuerzo y comprensión está siendo extraordinario. No le voy a pedir cosas que no sabe hacer a falta de tres meses. Vamos a potenciar fortalezas, pero también le exijo compromiso: le digo que se olvide de que mide 2,20 y defienda más arriba, aunque sea impropio para él.

-Ya lo ha comentado, pero lo del triple esta temporada está siendo alarmante. ¿Es más mental que otra cosa?

-Es lo que más me preocupa. Vengo de una escuela donde el detalle del tiro era diferencial, pero a estas alturas lo que quiero es que el que esté solo, tire. Hay que quitarse la mochila del miedo y la ansiedad. Mejorar el tiro de verdad es un verano, no en este momento. Pero ahora al que esté solo y no tire, lo voy a sentar. Porque si no tiras, el rival se cierra y terminas chocando contra una pared, una zona o una sobreayuda, y acabas tomando un peor tiro o cometiendo un error en el pase. En estos días ya se percibe que algunos que no se atrevían están empezando a hacerlo.

-Quizá llega al Casademont en el momento en el que la afición está más desenganchada del equipo. ¿Qué le diría a la Marea Roja?

-Hay pabellones en España donde si llenas, la presión es alta y es difícil jugar. Aquí, si llenamos como el día de las chicas que hubo un ambiente increíble, es muy complicado para el rival. Nombré a Manel Comas en mi presentación, que estaba enamorado de este club y de esta ciudad. La gente no puede venir pensando en la cena o en la comida de después, nada de venir a verlas venir. Hay que venir con el mono de trabajo. Ahora mismo necesitamos que el público apriete, y que apriete desde el calentamiento, no cuando el partido ya ha empezado. Que esto sea una olla a presión por el bien de todos. Necesitamos que vengan los de las chicas, los del fútbol, fútbol sala, balonmano… y que el jugador sienta calor más que descontento. Es lógico que la gente esté disgustada: tres victorias de diez en casa… el público es soberano. Pero ahora toca involucrarnos todos: jugadores dejando el egoísmo a un lado y aficionados apretando desde el calentamiento para hacer del Felipe una caldera.

-Veo que quedó sorprendido en el partido del femenino ante el Praga.

-Claro. Eso es lo que tenemos que alcanzar. Nos cruzamos casi todos los días con las jugadoras, con el cuerpo técnico... Estamos intentando vincularnos, que podamos ser uno solo y no dos repúblicas independientes.

-Le oigo hablar mucho de futuro. Firmó un contrato hasta final de temporada más una opcional. Si no pasa nada raro y el Casademont sigue en la ACB, ¿en su cabeza está empezar un nuevo proyecto el año que viene?

-Sí, eso es lo que me gustaría. Yo he estado cuatro años en el Real Madrid, cinco en Málaga, cinco en Sevilla en dos etapas... Yo creo en los proyectos de medio y largo plazo. Evidentemente, he apagado fuegos como el actual, tanto en el Zenit como luego en el Betis, o el año pasado en Andorra, pero lo que apetece de verdad es ayudar a crear una línea de trabajo que vuelva a poner a Zaragoza cerca de lo que todo el mundo intuye que puede ser. Y no lo digo por decir: podría enseñarle mensajes de gente que me ha escrito desde muchos lugares, gente de fuera que, desde la distancia, no entiende cómo no acaba de encajar esto, cómo no acaba de arrancar, cuando hay mimbres y bases importantes para hacerlo. A mí me gustaría ser partícipe de traer otra vez a Zaragoza a líneas cercanas a las que todos esperamos. ¿Que a largo plazo se pueden soñar cosas muy grandes, como hace 30 años, ganar una Copa del Rey? Ojalá. Pero, sobre todo, que Zaragoza tenga una línea estable: estar cerca del playoff, cerca de la Copa del Rey, y cada vez más en esa franja de equipos que compiten arriba. Yo he visto la progresión de Unicaja, de Valencia, de Tenerife… y creo que aquí hay base tanto de público como de cultura de baloncesto en la ciudad y de club para hacer algo parecido. Claro que me gustaría empezar un proyecto así aquí.

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