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Devin Robinson, el elemento imperturbable del Casademont Zaragoza

El americano volvió a demostrar ante el Hiopos Lleida que es el jugador con un estándar más alto de regularidad del Casademont, con récord anotador en la ACB incluido

Robinson realiza uno de sus cinco mates en el partido contra el Hiopos Lleida.

Robinson realiza uno de sus cinco mates en el partido contra el Hiopos Lleida. / Jaime Galindo

Zaragoza

Devin Robinson es la tempestad sin la calma, el ritmo sobresaltado y el guion sin tachones. Cuando el balón quema, el americano lo quiere, lo disfruta y, sobre todo, lo mete. Es el elemento más seguro e inalterable de un Casademont Zaragoza que, en caso de certificar la permanencia, tendrá en el interior a uno de sus grandes artífices sin duda alguna.

El partido frente al Hiopos Lleida fue la enésima demostración de que Robinson es, junto a Yusta, la pieza clave que engrana a todo el Casademont. El resto son más guadianescos y aparecen y desaparecen, pero el estadounidense es inalterable. Es un jugador diferencial, un primer espada y su influencia en el juego va más allá de los simples números. Y eso que decir simples números es injusto por sus elevados registros día sí y día también.

El Casademont se soltó con la victoria ante el San Pablo Burgos y perdió ese miedo a ganar, pero el equipo seguía arrastrando su triste bagaje de un triunfo en 12 encuentros. Sin embargo, Robinson se encargó de agitar a su equipo, a la grada y de mantener el nivel de energía a todos los niveles desde el primer minuto de juego.

Fue el que más entendió (junto a otros como Marco Spissu o Dubljevic, por ejemplo) lo que el equipo aragonés se jugaba, y más viendo que una hora después el Morabanc Andorra vencía al Breogán, y sus mates, intensidad y acciones individuales fueron el trajín y el bullicio que mantuvieron tenso al Casademont durante los 40 minutos. Quizá su asignatura pendiente más urgente y que, al fin, pudo aprobar en el mejor partido de la era Joan Plaza.

Pero más allá de su influencia en el juego y en ese efecto contagio a todo el Príncipe Felipe, Robinson sostuvo al Casademont con una primera parte de ensueño, con 19 puntos, 25 de valoración y 5 mates. Todo, salvo un triple, le entró al americano, que no se arruga y esa es su mayor virtud. Quizá peque a veces de individualista, pero es muy resolutivo.

Los registros al final fueron de escándalo. 27 puntos, su récord anotador en la ACB superando los 26 que hizo con el Manresa, 10/12 en tiros de dos, 4 rebotes, 7 faltas recibidas y 35 de valoración, quedándose solo a uno de su récord, que fue en Burgos en la primera vuelta.

El de Virginia es, quizá, el jugador con un estándar más alto de regularidad de todo el equipo, ya que Santi Yusta no está al nivel (palabras mayores, porque era tremendo y difícil de mantener) de su primera vuelta. No se ha perdido ni un partido, en todas las victorias ha metido al menos 12 puntos y hecho 13 de valoración y en nueve derrotas ha valorado 18 como mínimo, una estadística que demuestra la importancia capital que tiene para el_Casademont y que no se arruga ni en los buenos ni en los malos días.

En solo tres partidos ha anotado menos de 10 puntos y su media de valoración es de 16,6. Ahora bien, firmó por solo una temporada, por lo que su futuro es toda una incógnita cuando acabe el curso. Y sería una pérdida sensible.

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