Un recibimiento de día grande, bengalas y una marea muy roja y creyente: el ambientazo de la Euroliga en Zaragoza
Miles de seguidores del Casademont abarrotan el Príncipe Felipe y marcan territorio en la llegada del bus del equipo aragonés

Miguel Ángel Gracia
No es un día normal y se nota. Se ve en las caras, en la ilusión, en el ambiente y en la confianza. Si la 'Marea Roja' ya fue mayoritaria y colonizó Tarragona para la Copa de la Reina, en la Final Six de la Euroliga, jugándose en casa, la locura iba a ser máxima... y así fue. Y eso es un día laborable, lo que da que pensar que si se llega al domingo con posibilidades Zaragoza va a estallar.
Centenares, si no miles, de aficionados del Casademont Zaragoza aguardaron pacientemente bajo un sol de justicia a que llegase el autobús del equipo aragonés. El penúltimo aliento antes de la batalla. Se encendieron bengalas y el griterío enfervorecido volvía a denotar que este es un día muy grande, enorme y, sobre todo histórico. Desde el primer momento había que demostrar quién juega en casa y quién debe marcar territorio y la afición no falló. Nunca lo ha hecho.
En las caras de las jugadoras del Casademont, conforme bajaban del autobús, se veía concentración y responsabilidad por no querer fallar a una hinchada que sigue demostrándole su amor y su apoyo incondicional cada día. Mariona, como es habitual, fue la más aclamada. Una vez bajó toda la expedición rojilla, se quedaron a hacer ruido alrededor de 200 aficionados del Basket Landes, también muy ruidosos y animados pese a ser una amplísima minoría.
Una vez pasó el recibimiento, gran parte de la 'Marea Roja' entró al pabellón para vivir los últimos minutos del Spar Girona-Reyer Venezia y otros tantos se quedaron contemplando las dos pantallas gigantes que en el exterior del Príncipe Felipe retransmitían el partido.
En la fan zone costaba encontrar una camiseta que no fuera del Casademont Zaragoza. Una unanimidad tan esperable como, sobre todo, admirable. Miles de personas aguardaban fuera a que pasase el tiempo como buenamente se podía, toreando los nervios. Unos optaron por el clásico refrigerio en las barras de bar para calmar la sed ante el calor reinante en una Zaragoza plenamente primaveral, otros por lanzar a canastas de diferentes alturas y otros por los retos de los patrocinadores de la cita.
Pero en el ambiente se respiraban tanto unas ganas tremendas del partido como una confianza extrema en que el Casademont lo va a conseguir. No solo en el club saben que este tipo de trenes pasan una vez y quizá no vuelvan nunca más, también los seguidores sienten que la oportunidad es de oro. O quién sabe, quizá sea el primer episodio de muchos otros.
Una vez terminó el primer partido de cuartos de final, el pabellón prácticamente se vació y entonces la fan zone vivió su gran estado de ebullición, salvo por los alrededor de mil seguidores franceses, que cogieron pronto su localidad para animar al Landes mientras los dos equipos se activaban con tiros y ligeros ejercicios antes del calentamiento.
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