Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Zaragoza hace historia de la Euroliga un miércoles laborable: 10.828 espectadores y segunda mejor entrada histórica

El Príncipe Felipe vuelve a mostrar que no hay una ciudad mejor para albergar la 'Final Six', con un ambiente de gala

El Príncipe Felipe vivió un ambientazo con 10.282 espectadores ante el Landes.

El Príncipe Felipe vivió un ambientazo con 10.282 espectadores ante el Landes. / Miguel Ángel Gracia

Zaragoza

No se equivocaba la Euroliga con Zaragoza. Ya lo demostró el año pasado con la primera 'Final Six', pero lo de este miércoles, con el Casademont como anfitrión y equipo participante, fue histórico. Un día laborable en mitad de la semana, el pabellón Príncipe Felipe registró la segunda mejor entrada de la historia de la Euroliga femenina con 10.282 espectadores y un lleno prácticamente a rebosar. Y queda lo mejor.

El dato da buena cuenta de la locura instalada en la ciudad con el Casademont y simplemente es la enésima muestra, a lo bestia eso sí, de que Zaragoza es una ciudad que vive por y para el baloncesto. Ya desde dos horas antes del partido, miles de personas abarrotaron la 'fan zone' del exterior del pabellón y recibieron al autobús del equipo aragonés a lo grande, con bengalas, cánticos y un bullicio constante.

Dentro del pabellón, la historia fue todavía más épica. Los aproximadamente mil seguidores del Basket Landes se afanaron por hacerse notar y, sobre todo, escuchar, pero acabaron claudicando bien pronto ante el ruido ensordecedor de la 'Marea Roja' durante todo el partido.

La afición del Casademont creó una atmósfera tan ruidosa como única. Desde el mismo momento de la presentación de los equipos dejó bien claro que venía a ser la jugadora número 13 y que iba a llevar en volandas a su equipo e intimidar al rival.

Cada canasta, cada toque en defensa, cada balón robado y cada falta levantaba a un pabellón disfrutón. Y, aunque ella no lo sabía, el codazo a Carla Leite fue la mecha que prendió la traca. Si ya el pabellón era un bullicio, el golpe a la francesa terminó de encender a un Príncipe Felipe que fue diferencial, que protestó cada acción y que no estuvo callado en ningún momento. Y eso por no hablar de la explosión con cada triple de una Ornella Bankolé tocada con una varita.

Cada vez la afición rojilla disfrutaba más y cada vez la gala se achantaba más, porque no tenía nada que hacer contra los 9.000 del Casademont. A un minuto del final, el pabellón entero se levantó de sus asientos y agitó las bufandas mientras en el banquillo aragonés no podían ocultar una sonrisa de oreja a oreja. Esa comunión entre equipo y grada no tiene límites. Que se prepare el Galatasaray, que el infierno no es turco, es aragonés.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents