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CASADEMONT ZARAGOZA

Casademont Zaragoza: un equipo roto... otra vez

El Casademont Zaragoza ha vuelto a caerse por completo y a protagonizar otro partido indigno, esta vez en la pista del Baxi Manresa, para quedarse en una situación más que delicada en la clasificación de la Liga Endesa y con un calendario muy complicado en las últimas tres jornadas

El entrenador del Casademont Zaragoza Joan Plaza da instrucciones a sus jugadores durante el encuentro de la jornada 32 de la Liga Endesa entre el Baxi Manresa y el Casademont Zaragoza, disputado este sábado en el Pabellón Nou Congost de Manresa.

El entrenador del Casademont Zaragoza Joan Plaza da instrucciones a sus jugadores durante el encuentro de la jornada 32 de la Liga Endesa entre el Baxi Manresa y el Casademont Zaragoza, disputado este sábado en el Pabellón Nou Congost de Manresa. / Siu Wu / EFE

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Zaragoza

El Casademont Zaragoza volvió a perder, esta vez en Manresa. Aún siendo la derrota una pésima noticia en sí misma, no fue lo peor que puede decirse del equipo de Joan Plaza. El conjunto aragonés volvió a bajar los brazos antes de tiempo, a protagonizar un partido, sobre todo una segunda parte, indigno de quien se está jugando la vida, a mostrar a jugadores haciendo la guerra por su cuenta, una indolencia o una indiferencia, o tal vez las dos cosas, tan grandes que hacen presagiar el peor de los desenlaces. Porque la amenaza de descenso a Primera FEB es más que real. Tanto, que ahora mismo parece que solo puede salvarle que otro equipo, el Morabanc Andorra, lo haga aún peor.

Aunque el equipo se salve, no lo harán ni sus jugadores ni su entrenador. La llegada de Joan Plaza pareció surtir efecto, aunque muy despacio, cuando el equipo encadenó tres buenos partidos consecutivos frente a Barça (pese a la derrota), Lleida y Gran Canaria, sumando dos victorias que le daban mucho aire y la esperanza de no sufrir en exceso hasta el final de la temporada.

Pero todo eso se ha torcido de una manera tal que, ahora mismo, el Casademont Zaragoza parece cualquier cosa menos un equipo. Sus actuaciones frente al colista Granada en casa y este sábado en Manresa tienen muchos puntos en común. La pésima defensa ha sido una constante durante todo el curso, pero es que ahora el juego de ataque también es nulo. El cinco para cinco es un horror absoluto y solo existen (malas) soluciones individuales de jugadores en muchos casos desquiciados.

El ejemplo más evidente es el del capitán, Santi Yusta, que ha pasado de ser el mejor nacional de la Liga Endesa a no dar pie con bolo bajo las órdenes de Joan Plaza. La idea del técnico de desplazarle al tres para jugar con dos manejadores, como suele decir él mismo, no ha sido la mejor posible porque el Casademont no controla el juego en absoluto y ha perdido a su mejor jugador.

Lo de los fichajes es un poema. De los diez que ha hecho el club, cinco en verano y cinco durante la temporada, solo uno juega y rinde. Cuatro de ellos ni siquiera están ya en la plantilla (Stevenson, Kabaca, Soriano y Richardson) y un quinto se ha quedado sin sitio (Koumadje) tras mostrar una y otra vez que no aporta nada. Únicamente Robinson tiene minutos de calidad, aunque no con la constancia deseada, pero el resto de los que están en pista son los mismos que la temporada pasada. No obstante, su imagen celebrando con los aficionados de Manresa su vuelta al Nou Congost este sábado, con la que está cayendo, le ha hecho perder muchos enteros con una afición que empieza a cansarse.

Es cierto que el equipo sufrió un duro percance con la lesión de Bell-Haynes, que ha estado fuera cuatro meses, pero eso no justifica ni de lejos el mal rendimiento de todos los demás. Ahora el regreso del canadiense no es suficiente para arreglar todo el desaguisado y la llegada de Olaseni puede que se haya producido demasiado tarde. La gestión y el rendimiento de los pívots durante todo el curso es otra cuestión que daría no para un reportaje, sino para toda una novela de terror.

Y así ha llegado el equipo al tramo decisivo, descompuesto otra vez y jugándose la vida frente al UCAM Murcia, Valencia Basket y Breogán en apenas seis días por la pésima gestión de unos calendarios sobrecargados a los que nadie quiere poner remedio. Con lo que tiene tendrá que intentar salvarse porque un descenso sería catastrófico a todos los niveles, un torpedo en la línea de flotación del club que acabaría afectando a todas las áreas.

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