LA OPINIÓN DE RAQUEL MACHÍN
El milagro del Casademont en un año negro para el deporte de Zaragoza
Los clubs son los primeros que deben reflexionar, pero algo está fallando en la ciudad

Spissu, a hombros de sus compañeros tras la canasta ganadora en Lugo. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA
Con un triple sobre la bocina, en el último segundo, después de ir perdiendo casi todo el partido, el Casademont Zaragoza obró el milagro en Lugo y seguirá en la ACB una temporada más, la decimoséptima seguida. Al borde del infarto, la canasta de Spissu provocó un grito de alegría en toda la ciudad, también de alivio, porque el italiano evitó que el año negro que está viviendo el deporte de élite en la capital aragonesa fuera completo. El Casademont ha estado al borde del abismo pero seguirá en la ACB y es más fácil reconstruirse así .
En cualquier caso, la situación del deporte de élite, principalmente masculino, en Zaragoza, merece una profunda y seria reflexión. El Casademont Zaragoza femenino y su manera de enganchar a toda una ciudad es ahora mismo un oasis en el desierto. La cuarta ciudad de España en población, la capital de una región que no para de recibir inversiones millonarias para la nueva industria emergente, ha perdido el fútbol profesional después de 80 años tras varios años dando tumbos por Segunda División y ha salvado in extremis el baloncesto de élite, que también lleva varios cursos coqueteando con el peligro.
Ampliando más el foco, el fútbol sala, que llegó a ser campeón de Liga a mediados de los noventa, vive los últimos años a caballo entre la primera y la segunda categoría, el balonmano, fuera de la Asobal desde hace diez años, pelea ahora por regresar poco a poco, dando los pasos adecuados para no precipitarse. El voleibol, pese al gran trabajo del CVZaragoza, hace también lustros que se despidió de la Superliga. Solo el atletismo, con el Alcampo Scorpio-71 como punta de lanza, mantiene unos niveles competitivos más acorde con la ciudad a la que representa. Hablamos solo de la capital aragonesa, porque fuera podríamos hacerlo de la SD Huesca, el Bada, el Tarazona... Todo descensos y ningún ascenso.
Esto a siete meses de que Zaragoza se convierta en la capital europea del deporte. Es cierto que el deporte es mucho más, muchísimo más, que la élite, y que la salud deportiva de una ciudad se mide, sobre todo, por las instalaciones de que dispone y, especialmente, por la facilidad de acceso que tengan sus ciudadanos para practicar la modalidad que más les guste, tengan la edad que tengan, en sus barrios o clubs de siempre.
Pero no es menos cierto que la paupérrima situación del deporte de élite de la ciudad obliga a pensar y repensar el modelo y a plantearse qué está pasando. Cómo puede ser que una ciudad como Zaragoza sea incapaz de mantener clubs de élite de deportes más minoritarios cuando cuenta con población suficiente como para tener una importante masa social detrás y, sobre todo, cómo puede ser que buques insignia de toda la comunidad como el Real Zaragoza o el Casademont Zaragoza lo estén pasando tan mal.
En el caso del fútbol no ha sido problema de dinero -la gestión ha sido pésima pero la propiedad ha ampliado el capital y el equipo ha dispuesto el mayor límite salarial de esta etapa en Segunda-, mientras que en el baloncesto muchas veces da la sensación de que Reynaldo Benito, con sus aciertos y errores, ha estado demasiado solo sosteniendo el club. Por supuesto, los primeros que tienen que reflexionar son los clubs, víctimas de sus propios errores, pero algo está fallando en el tejido político, social, económico y empresarial cuando Zaragoza no puede tener o le cuesta tanto mantener un deporte de primer nivel.
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