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¿Y ahora qué con el Casademont Zaragoza? "Proposito de enmienda" y una ocasión que la pintan calva

El club debe aprovechar lo sucedido en Lugo para recuperar a su afición y conseguir una identidad clara construyendo un proyecto estable alejado de los cambios constantes

Los jugadores del Casademont, bajándose del avión que les devolvió a Zaragoza

Los jugadores del Casademont, bajándose del avión que les devolvió a Zaragoza / Miguel Angel Gracia

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Arturo Pola

Arturo Pola

Zaragoza

Cuesta porque lo que se vivió en Lugo fue muy gordo e inolvidable para siempre, pero poco a poco las pulsaciones van bajando en el seno del Casademont Zaragoza. Una vez dejado atrás el éxtasis posterior a la mágica remontada ante el Breogán coronada con el triple de Spissu, es momento de apartar esa emoción para ser conscientes de lo cerca que el equipo aragonés estuvo de Primera FEB. La fortuna, la valentía y el no darse por rendidos de sus jugadores le han permitido una vida extra y ahora hay que analizar qué es lo que se ha hecho tan mal para que un proyecto pensado para mirar hacia arriba no haya acabado en un auténtico drama de milagro.

En ello ya está el club, que incluso durante la celebración de la salvación, todavía en tierras gallegas, ya advertía que algo había que cambiar para que no repetir errores del pasado. El primer paso ya lo dio el Casademont el domingo, cuando solo habían pasado unas horas del encuentro en Lugo, pidiendo perdón por la temporada. Además, ya decía que “reflexión, autocrítica y propósito de enmienda no nos van a faltar”. Un notable gesto por parte del club que ahora deberá hacerlo bueno con hechos.

Porque han sido solo 10 victorias en toda la temporada y la última llegó como llegó. Lo normal en cualquier otra temporada, con ese número, hubiera sido descender. Afortunadamente, esta temporada no han hecho falta los 13 triunfos que se dice siempre que aseguran la permanencia. Aun así, un balance de 10-24 es inaceptable. Más aún lo es el 5-12 con el que ha cerrado la campaña el equipo en el Príncipe Felipe, el segundo peor registro de la historia del club tras el de la campaña 08-09.

Por ello, uno de los primeros objetivos del Casademont debe ser reconquistar a su afición, maltratada en los últimos años. Ahora bien, tras la apoteosis en tierras gallegas, la ocasión la pintan calva para el club, porque el derroche de emoción y adrenalina que se produjo fue tal que tiene que ser aprovechado como el punto de partida para construir algo bonito. Además, que el nombre del Casademont haya sido noticia en todo el mundo también debe ayudar a ello.

Una base estable

Así pues, recuperar la identidad y el arraigo debe ser innegociable para el equipo zaragozano y uno de sus principales objetivos. Esta idea choca frontalmente con la sensación de improvisación que ha dado el club en las últimas temporadas. La mala suerte en forma de lesiones no ha colaborado, pero tampoco es excusa. El Casademont ha sido una trituradora de entrenadores y un desfile constante de jugadores que han venido y se han ido sin hacer mucho ruido y, alguno de ellos, sin entender la idiosincrasia de Zaragoza.

El mejor ejemplo, el de esta angustiosa temporada que acaba de terminar, eso sí, de la mejor manera. Tres entrenadores y hasta 21 jugadores han participado durante el curso, contando a los canteranos. Aun así, un número inasumible para intentar construir algo desde la tranquilidad, el sosiego y el orden. Un caos ingobernable que a punto estuvo de acabar de la peor manera posible. Si hubiera ocurrido lo que nadie quería, no se hubiera podido decir que había sido una injusticia.

Para no estar ni cerca de repetirlo, el Casademont debe apostar por una vez por todas por la estabilidad. Parecía ser la idea con Jesús Ramírez, al que se le formó un contrato largo, pero pronto se cayó ese castillo de naipes. Confiar en el entrenador por el que se apueste y formar un grupo sólido y comprometido de jugadores tiene que ser lo primero. Afortunadamente, se construye mucho mejor desde la ACB que desde el infierno.

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