Casademont Zaragoza
Entrevista con Gonzalo García de Vitoria, entrenador del Casademont Zaragoza: "Necesito saber si estoy dispuesto a seguir de ayudante o me siento más cómodo de primer entrenador"
El técnico atiende a este diario para hacer balance de las dos semanas de locura que ha vivido al frente del equipo aragonés y asegura que no tiene claro su futuro

Gonzalo García de Vitoria, con gesto contrariado durante un partido en el Príncipe Felipe / Jaime Galindo

-¿Qué planes tiene de vacaciones? El año ha sido desgastante...
-Me voy a Orense y después tengo que hacer algunos campus porque hay que completar el año. En agosto suelo coger vacaciones con mi familia porque voy siempre al mismo sitio, es una maravilla.El año ha sido muy duro, han pasado muchas cosas y muchos cambios. El deporte profesional tiene eso, ¿no? Un componente de desgaste. Solo hace falta ver cómo los entrenadores, por ejemplo, en fútbol, de un año a otro cómo cambian físicamente.
-El final que hubo en Lugo, ¿hace que todo el sufrimiento haya merecido la pena?
-Sí, no tenga duda. Ha sido un año complicado, con cambios de entrenadores, con marchas de jugadores, que eso son cosas que nunca nunca son buenas y nunca te gustan. Porque a no ser que tengas un jugador que tienes que cortar por actitud, cuando al final tienes que cambiar jugadores porque el rendimiento no da, eso no significa que los jugadores sean malos, puede ser simplemente que el jugador en ese estilo no encaja.
-¿Cuántos mensajes recibió después de conseguir la salvación? Su móvil echaría humo.
-La noche del viernes tenía 500 y pico WhatsApps y ya no te hablo de lo que te escriben por las redes sociales. La mañana del sábado la dediqué a contestar a todo el mundo.
-Ahora hablaremos del milagro, ¿pero se imaginaba un partido tan duro?
-Sí. El partido lo preparamos con un solo día contra un equipo que tenía muchas cosas. Porque Breogán es capaz de jugar bloqueos indirectos, es un equipo que tiene manejadores, los bases son muy distintos a los aleros... Preparamos un plan de partido en el que quedaba claro cómo queríamos atacar su defensa de bloqueo directo. Creo que ahí nos salió muy bien. Atrás sabíamos que jugábamos contra uno de los mejores equipos de la Liga. Nosotros defensivamente estuvimos al nivel del año, que no hemos sido para nada un buen equipo ahí. Fue una montaña rusa, creo que jugó un gran partido, muy buen partido, creo que tuvo mucho mérito ganar porque jugamos contra un, en su caso, que jugó francamente bien. Luego es verdad que tuvimos suerte, pero también creo que esa suerte viene como resultado de pelear, pelear y pelear hasta el final, porque en otra ocasión nos hubiéramos dejado ir. Seguimos peleando, y el seguir peleando hizo que la suerte pudiera tener un factor importante
-Ese último minuto...qué increíble
-Por cómo fue y todo lo que conllevaba. Es el final más loco que he visto, solo recuerdo algo igual con la misma trascendencia en la ACB que le gana el Madrid al Baskonia.Teníamos muchas jugadas preparadas para situaciones límite, pero lo que pasó es que no se puede entrenar.
-¿Qué sintió en ese momento? ¿Y con el paso de las horas?
-Al principio, ya se ve en las imágenes, una explosión increíble de alegría. Porque lo has visto perdido. Intentas seguir concentrado para apurar las opciones, pero claro que piensas que se te ha escapado. Luego con el triple de Bell-Haynes la cosa cambia y te agarras a la vida que te queda. Después, me tranquilicé rápido. Lo que he sentido es una tranquilidad enorme porque para mí la responsabilidad y la presión eran muy grandes. Porque un descenso deportivo es trágico, por las implicaciones que supone para el club, para sus trabajadores. La tragedia hubiera sido que no ganar conllevase pérdidas de trabajo o descenso de salarios. Por eso, cuando pasaron los tres, cuatro minutos o menos de euforia, luego ya me fui al vestuario y me vino esa sensación de paz interior. Estos días he tenido la satisfacción de conocer a gente del club que no conocía y le pones cara y ojos a gente por la que querías pelear.
-Uno de los mensajes más repetidos en las redes era que el baloncesto le debía a usted algo así.
-Bueno, te lo diré en el futuro. De lo que te daría uno, sí, sí, cosas buenas y malas también he tenido, ¿no? Pero claro, el problema es que cuando consigo una cosa buena, luego no la disfruto.Lo que ha aprendido estos años es que todo se equilibra. Mis primeros años de carrera, casi todo fueron cosas buenas y luego llegó un momento donde los resultados no eran buenos y entras en un bucle en que te crees cuando la gente dice o lees por ahí. Lo que sí me ha pasado es que cuando las cosas eran buenas, nunca me he venido muy arriba, pero sí que un momento que no estaba acostumbrado me afectó un poco en la autoconfianza.
-Al final ha encontrado un premio que llevaba mucho tiempo buscando. ¿Cree usted que tiene el récord de conseguir su primera victoria en la ACB como primer entrenador con el final más rocambolesco?
-Eso desde luego. Habría que repasarlo, pero es imposible, sí (ríe). Es muy bonito. Yo llevo en el baloncesto profesional desde el año 2000. Desde entonces siempre he tenido trabajo y eso me hace ser un privilegiado. Siempre, menos un año, hace cuatro. Era la primera vez en mi vida que no empezaba la temporada y justo enfermó mi madre y me sirvió para poder estar al lado de ella. Al final murió y lo sentí como cosa del destino. Hasta ahora no había podido entrenar en la ACB. Siempre lo había querido, pero no así. No por el despido de un compañero y alguien de tu equipo de trabajo. Pero me dijeron que tenía que hacerlo. No fue una elección, pensaron en mí y yo soy una persona de club y hago lo que me pidan.
-¿Cómo le comunicaron que tenía que dirigir al equipo los últimos tres partidos?
-La primera llamada fue de Pedro (Llompart) para decirme que el club había tomado la decisión de cortar el contrato de Joan Plaza. Después, me explicaron la situación. La verdad es que nos pilló por sorpresa, pero era una situación de urgencia y eso era lo que había. Así que había que ir a por todas. No iba a dejar tirado al club.
-A partir de ahí, 12 días para vivir o morir. Lo consiguieron
-Al final es difícil valorar uno mismo lo que creo que ha hecho bien porque muchas veces pues una persona es una percepción subjetiva y te puedes equivocar. Lo que sí creo que era algo que queríamos hacer era cambiar la cara a los jugadores a nivel emocional.Generar unos días de máximo optimismo y de creer que podíamos. Intentar que las cabezas de los jugadores tuvieran la certeza de que se iba a conseguir. Creo que eso lo hicimos y es una de las cosas que más me ha remarcado la gente con la que he hablado estos días, el cambio de mentalidad.
-¿Hacía falta llegar a una situación tan extrema para ello? Han sido tres entrenadores en un año, eso no habla demasiado bien de la plantilla. ¿Qué ha pasado en ese vestuario?
-No se puede dudar de la valía de Jesús (Ramírez) ni deJoan (Plaza). Hay veces que las cosas no salen, por mil motivos. Yo creo que tendremos todos una parte de responsabilidad. Yo creo que el gran problema que tuvimos y que es lo que hemos conseguido hacer en estos doce días, no sé si hubiéramos sido capaces de hacerlo en un periodo más largo de tiempo, es no poner excusas. Éramos un equipo de muchas excusas dentro, internas. Éramos un equipo que nos costaba todo mucho, nos costaba ser resilientes y tener fuerza en los momentos malos. Ese ha sido el gran problema de este equipo. Estos tres últimos partidos no se han visto malas caras por cambios, tampoco jugadores protestando porque un jugador, porque otro compañero hacía un tiro mejor o peor. No se ha visto protestar a los jugadores porque tuvieran más o menos minutos y eso para mí ha sido la clave, o sea, ha sido la clave. Si hubiéramos conseguido hacer eso y ser así todo el año, pues hubiéramos hablado seguramente de otra situación.
-Aunque no salieran las cosas bien, ¿con qué se queda de haber trabado con Ramírez y Plaza? ¿Qué ha aprendido de ellos?
-Muchas cosas. Primero, lo primero es el nivel de inglés que tienen, es increíble lo bien que hablan. Parece una tontería, pero es muy importante y es increíble lo bien que llegan a la plantilla y que se comunican en un idioma que no es el suyo. Eso me ha servido porque hemos hecho todo el año en inglés y con esa capacidad que tienen ellos, me ha servido, pues también para mejorar mi inglés. Luego, bueno, son entrenadores diferentes. Pero de los dos cojo cosas muy buenas, cosas muy buenas. Yo creo que Jesús tenía una idea de juego que no se pudo hacer, quizás un poco por las características del equipo, pero es una idea que he aprendido y me gusta. Joan era un entrenador muy disciplinado a la hora de preparar los entrenamientos, con una variedad de ejercicios increíble y son cosas que usaré en el futuro. De ambos he aprendido muchos detalles.
-¿Ha podido hablar con alguno de ellos después de lo que pasó en Lugo? ¿Le han felicitado?
-Sí, con Jesús sí. Con Jesús de hecho teníamos una comida, pero por compromisos míos la tuvimos que cancelar. Con Joan, no. Cuando lo cesaron intenté hablar con él, pero no pude. Cada uno lleva el duelo de una manera distinta y yo sé que Joan lo sufre y no quería molestarle más.
-Con la plantilla sí que ha dado la sensación de que usted ha tenido mucha química
-Es que hemos tenido a nivel grupal, fuera de la cancha, un grupo muy bueno, ¿eh? Yo he conectado con todos, sabiendo que al ser el entrenador ayudante, pues estás más cerca. He conectado con todos, aunque de manera distinta. Por ejemplo, hacía trabajos específicos con Dubi, hacía trabajos específicos con los pívots, con Santi Yusta porque lo conocía de la sub-20, Jaime es un gran chaval, Miguel es mi vecino de arriba... Con Marco Spissu tuve mucha conexión desde el principio porque como es un señor mayor que protesta por todo, desde eso empezaba a vacilarle que parecía gallego y mira, al final como ha salido, ¿no? Siempre me resulta más fácil conectar con el que habla español. He aprendido estos años que con los jugadores americanos es distinto. Ellos necesitan otro tipo de trato y de comunicación, quizás más desde el corazón y bueno, no destacaría ninguno ni para bien ni para mal. Quizás un poco me decepcionó Washington, porque siendo un buen chico no entendió lo que era esto, pero con el resto,muy bien. Al final, jugando o no jugando, me han dado todo. Yo creo que se ha notado la conexión.
-¿El caso de Dubjlevic ha sido el caso más difícil de gestionar para usted?
-Bueno, ha sido complicado, evidentemente, porque al final estás hablando de un jugador con una carrera increíble y que no estaba consiguiendo dar el rendimiento que él quería dar. Al final la cabeza ha jugado muchas malas pasadas. Yo creo que todo el año éramos conscientes de que él quería y que lo ha intentado. Ha habido momentos donde ha estado bien. Hay que recordar que en el partido de Lleida de la primera vuelta Dubi se rompe la muñeca y no dice nada y sigue jugando. Pero yo creo que al final le ha costado quizás la responsabilidad, porque él al ser un jugador balcánico es un jugador que cuesta más relacionar, que él se abra, que abra el corazón. Sí que puedes hablar de cosas de baloncesto, pero es un tío duro que le cuesta más, yo creo, expresar eso. El ver que quizás no estaba al nivel del Dubi de otros años le ha podido pesar. Pero yo no puedo decir nada malo de él, lo ha intentado.
-¿Cómo definiría al Casademont Zaragoza como club?
-Es un club muy grande, con una masa social increíble. La propia estructura del club ya te dice todo. Hay 1.300 niños en la fundación, más la cantera. Es una locura. Y en el trato están todos pendientes de ti, que todo vaya bien. Me ha gustado mucho porque tiene más sensación de unidad, del famoso mensaje de juntos. La implicación de la gente y la trascendencia que tiene el equipo en la ciudad es una pasada.
-¿Jugar en el Príncipe Felipe ha sido difícil?
-Es complicado. Es una plaza especial. Cuando he venido como visitante en la LEB, uno de los objetivos que se marcaban siempre los equipos era llegar al último cuarto con el partido igualado, porque ahí es donde al equipo local se le hacía más difícil jugar. Es una afición exigente, pero yo creo que la exigencia está bien, pero deberíamos entender todos que al final apoyar hasta el final al equipo es una cosa genial. Y lo digo sabiendo que esto quizás no gusta, pero no lo digo como una crítica o como una queja, sino como algo para poder crecer. Después del partido de Valencia hubo una gran mayoría de gente que aplaudió al equipo y eso, de verdad, no son palabras vacías, eso a los jugadores les da tranquilidad. Entonces, ese es otro punto para poder mejorar, que haya una conexión grada-equipo. Y ojo, reconozco que este año no hemos dado mucho para que se diera esa conexión.
-Gonzalo, ¿y ahora qué? ¿Qué va a pasar con usted?
-Yo solo tengo contrato hasta final de junio. Tengo claro que ahora se van a celebrar 25 años, el club quiere una estabilidad y quiere cambiar la situación de este año. Pero no sé mucho más.
-¿Pero se va a ir a casa sin saber si va a volver a Zaragoza?
-De verdad que no lo sé. Cuando yo soy entrenador no me gusta que la gente que no está dentro del staff se meta en el trabajo, pues ahora soy consecuente y entiendo que ahora las decisiones son de los jefes, los responsables, y es su trabajo y hay que respetar lo que decidan. Entonces bueno, ahora esperar y ver qué me depara el futuro.
-Si no tiene ninguna certeza, vamos a hablar de lo que le gustaría. No sé si querría continuar en Zaragoza, si su sueño sería poder quedarse de primer entrenador, si también le valdría quedarse de segundo... ¿Qué hay por su cabeza?
-Bueno, en mi cabeza ahora es reflexionar, ha sido un año superconvulso. No me ha dado tiempo incluso a asimilar todo lo que ha pasado este último año. Ahora lo que necesito es saber qué quiero. Me encantaría por supuesto ser entrenador ACB y es un sueño que he ido persiguiendo durante muchos años que lamentablemente no se ha dado. Pero no me gusta ser entrenador ACB como he sido este año. Entonces ahora mismo, me dices: ¿te gustaría ser entrenador del Casademont Zaragoza? Hombre, por supuesto. Pero no cierro puertas a nada, no te voy a mentir. Porque ahora mismo realmente necesito descansar mentalmente. Llevo mucho tiempo sin descansar la cabeza y de verdad que lo necesito, necesito saber qué es lo que quiero y si estoy dispuesto a seguir siendo entrenador ayudante o si me siento más cómodo en la parcela del entrenador jefe. De verdad que no lo sé.
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