Finalizan las obras de restauración en una parte de la muralla de Albarracín

Se ha recuperado el paisaje y la vegetación situada en la zona sur del municipio turolense

Labores de restauración realizadas por parte de la Fundación Santa María de Albarracín | FUNDACIÓN SANTA MARÍA DE ALBARRACÍN

Labores de restauración realizadas por parte de la Fundación Santa María de Albarracín | FUNDACIÓN SANTA MARÍA DE ALBARRACÍN / EL PERIÓDICO

El Periódico de Aragón

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La Fundación Santa María de Albarracín ha concluido el proyecto de recuperación del paisaje sur del municipio turolense y que ha consistido en la conservación de la vieja muralla y la renaturalización de su entorno inmediato de acuerdo con las actuales directrices de recuperación de patrimonio. Debido a la necesidad de conservar la muralla «de la forma más purista», la intervención se ha centrado en la estricta conservación, respetando sus valores de autenticidad y antigüedad y tratando de que la actuación pase lo más inadvertida posible.

Así lo explicó la Fundación en un comunicado, en el que añadió que la ordenación topográfica, vial y florística del espacio circundante ha sido la segunda parte del plan y que ha tenido como objetivo eliminar la degradación que presentaba debido a la excesiva presencia de suelos artificiales, abundancia de residuos en superficie y mal estado de la vegetación. Para ello, se había llevado a cabo una excavación arqueológica en torno a la atalaya aparecida en el extremo sur y se habían completado taludes con alrededor de 20 toneladas de tierra vegetal, con su propio reservorio natural de semillas.

También se había definido el camino de acceso al paseo fluvial y la salida natural de las aguas pluviales hacia el río y, además, se había hecho una redisposición del acceso rodado a la trasera del cementerio y del peatonal bordeando la muralla, con las isletas pertinentes renaturalizadas, para lo que se han utilizado otras 20 toneladas de tierra.

La vegetación se encontraba en mal estado de conservación, mezclaba plantas en muchos casos no autóctonas, por lo que se ha aspirado a restituir una ambientación paisajística acorde con el entorno y coherente con la historia de Albarracín, potenciando la naturalización de este espacio interior al recinto amurallado, produciendo una transición progresiva hacia el territorio exterior.

El contexto medioambiental del espacio condiciona la implantación de zonas ajardinadas de bajo mantenimiento y basadas en especies autóctonas, para recuperar una cubierta vegetal similar a las que habitan este tipo de laderas, donde predominen determinadas especies herbáceas y arbustivas (espliego, ajedrea, espino, rosa silvestre,...) junto con algunos árboles dispersos (sabina albar, enebro común, encina carrasca y algún almendro para recuperación de la zona hortícola), bien adaptados a las condiciones del entorno, como acompañamiento al patrimonio que lo rodea.