TRADICIONAL CELEBRACIÓN DEL LOSAR EN ARAGÓN

El nuevo año tibetano en Aragón: ¡Feliz 2150 desde Ribagorza!

El templo Dag Shang Kagyu de Panillo celebra el año nuevo tibetano y la consagración de su convivencia con una columna blanca que conecta con el Tíbet

La tradicional celebración volvió a reunir a mucha gente ayer. | SERGIO RUIZ ANTORÁN

La tradicional celebración volvió a reunir a mucha gente ayer. | SERGIO RUIZ ANTORÁN / SERGIO RUIZ ANTORÁN

Sergio Ruiz Antorán

Sergio Ruiz Antorán

Una columna blanca asciende al firmamento de Ribagorza, ese pedacito que se conecta espiritualmente con el Tíbet. Esa hoguera consume los malos augurios, purifica almas y eleva las mejores voluntades hacia un cielo unitario, azul para todos los humanos, roto solo por las cumbres cercanas, del Pirineo o del Himalaya. «Que este humo purificador lleve la paz hasta Rusia». La plegaria del Lama Drubgyu Tenpa vierte un deseo universal de armonía en la celebración del año nuevo tibetano en el templo del Dag Shang Kagyu de Panillo.

La divertida risa de este monje butanés, que ni el covid logró callar, inspira esa esperanza eterna. La humareda de la montaña de purificación se lleva toda malicia en mitad de un círculo que rodean unas 300 personas atraídas por la llama de la espiritualidad y el contraste cultural del Losar, nombre que recibe esta festividad, recibiendo a un 2150 dedicado al conejo de agua, símbolo de la fortuna, la longevidad y la paz. «Deseamos que triunfe el aspecto más puro de la naturaleza, nuestra espiritualidad interior», dicta Tsering Dordye, un mallorquín enraizado en esta tierra, ataviado con la kasaya, el traje ceremonial de los lamas.

Los colores, esencias y ecos mezclan la ceremonia. El carmín de los trajes, el dorado de las estupas, el blanco de la harina que se lanza al cielo, los cánticos de los rezos de la sangha o el hondo quejido de las dungchen, largas trompas metálicas que se hacen sonar en su profundidad.

Van ya 38 Losar desde que en 1984 se instalara bajo su viejo castillo medieval, cerca de la ermita de la Collada, junto a Casa Sosas, un humilde templo donde se instaló esta comunidad de lamas butaneses. Ahora, sintetizan un ejemplo de convivencia e integración en la comunidad ribagorzana y un centro de atracción turística ocasional y de población asentada en los chalets y casitas construidas, yurtas en mitad de olivares o caravanas aparcadas alrededor de la gran estupa, las distintas esculturas de Buda, caballos al viento, altares de ofrendas, estancias para los retiros, enseñanzas de meditación, un gran albergue y una nueva cafetería.

Ofrenda 8 La cita incluía el reparto de dulces, vino o zumo dentro del templo. | SERGIO RUIZ ANTORÁN

Ofrenda 8 La cita incluía el reparto de dulces, vino o zumo dentro del templo. | SERGIO RUIZ ANTORÁN / SERGIO RUIZ ANTORÁN

La celebración sigue dentro del templo. Hay que descalzarse. Los monjes reparten una pequeña ofrenda con diversos dulces, vino o zumo antes de seguir con los rezos. Curiosos, creyentes, amigos, lamas y autoridades se mezclan sentados sobre cojines ante la mirada de los cuadros de los principales lamas, escenas del Kangyur y simbología oriental. El choque es menor, se ha interiorizado como algo más de Ribagorza. «Una comunidad que puede verse desde el exotismo de sus trajes, pero que son un ejemplo de convivencia, de armonía y empatía», marca Pedro Puyalto, consejero de la comarca de Ribagorza. Gema Betorz, alcaldesa de Graus, ayuntamiento al que pertenece Panillo, y Teresa Sevillano, directora general de Igualdad y Familias del Gobierno de Aragón, siguen la ceremonia del Losar como una más. «Este año mejorares, habrá menos enfermedad y seremos más libres de sufrimiento”, asiente Lama Drubgyu Tenpa antes de emitir otra carcajada, que, como el humo, llega hasta Rusia.