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La panadería de Burbáguena cierra después de casi un siglo y tres generaciones: "Ha sido mi vida durante 50 años"

El obrador de este municipio de Teruel apagará sus hornos pasados todos estos años tras no haber un relevo generacional que tome sus riendas

Zaragoza

El Aragón rural afronta desde hace años la pérdida progresiva de servicios básicos que sostienen la vida en los pueblos y refuerzan su identidad. En ese contexto se enmarca el cierre de la panadería de Burbáguena, en la provincia de Teruel, que baja la persiana tras casi un siglo de actividad. Durante generaciones, este obrador ha sido mucho más que un comercio: un punto de referencia diario y un espacio de convivencia para vecinos de todas las edades. Su desaparición apaga uno de los símbolos cotidianos del municipio y vuelve a evidenciar el valor esencial que tienen estos negocios para mantener vivo el territorio.

Jesús Peribáñez llevaba décadas al frente de este negocio de la comarca del Jiloca. Su rutina, marcada por el esfuerzo y el servicio a los más cercanos, alimentaba a los vecinos de unos 14 pueblos de los alrededores de pan artesanal 'made in Burbáguena'. "La panadería la abrió mi abuelo antes de la Guerra Civil, luego lo cogió mi padre y ya después llegué yo. Mi rutina comenzaba de normal a la medianoche, a excepción de cuando había mucha demanda que había veces que entraba a trabajar a las 22.00 horas. Eso es en verano, cuando se triplica la producción", explica a este diario. "Cuando mi mujer -de nombre Consuelo- y yo nos casamos, ella fue aprendiendo y acabó dedicándose a hacer la repostería aquí".

Jesús Peribañez, última generación en estar al frente de la panadería de Burbáguena, haciendo barras de pan

Jesús Peribáñez, última generación en estar al frente de la panadería de Burbáguena, haciendo barras de pan / SERVICIO ESPECIAL

Este cierre se conocía ya desde el año pasado, un anuncio cuya cuenta atrás ha llegado a cero y se ha hecho efectivo durante este mes de diciembre. Los motivos principales por los que la Panadería Peribáñez ha bajado su persiana son tres. Dos de ellos van de la mano: Jesús y Consuelo finalmente van a jubilarse y a empezar una etapa de su vida lejos de los fuegos, y con ello se corta un negocio familiar de tres generaciones, ya que su hija ha decidido tomar un camino diferente a ellos. "Ella ha podido ver cómo era este trabajo y llegó a la conclusión de que no era lo suyo, es uno muy sacrificado", subraya Peribáñez.

Algo que en el fondo él mismo lamenta, debido a que ha sido prácticamente de lo que ha vivido siempre. "Nos habría gustado que hubiese habido relevo, pero se ha dado así. Esto ha sido mi vida durante 50 años", apunta el hombre.

Por otro lado, las problemáticas que les pueden llegar a poner delante a la hora de mantener a flote la panadería ha sido otro de los alicientes que han empujado a su familia a dejar el obrador después de tanto tiempo. "Nos ponen muchas trabas y sale muy caro. Medios, condiciones de sanidad, industria... igual puede costar algo más de 300.000 euros", estima el propietario.

La Panadería Peribáñez repartía cada día cientos de barras de pan o productos de repostería y bollería artesanal a diversos pueblos de la comarca, excepto en estos meses de invierno que lo hacen cada dos. Por lo que la pregunta que se puede plantear ahora es: ¿quién va a sustituir la labor de Jesús y Consuelo? El obrador la responde. "A partir de ahora las tiendas de alimentación se harán cargo de repartir pan a los municipios que atendíamos", asegura.

Este cierre trasciende a las emociones de las decenas de vecinos que cada mañana acudían a por su barra gallega del día. Tanto, que varios de ellos decidieron despedirles como es debido con una fiesta sorpresa para agradecer su labor durante todo este periodo de tiempo.

Varios vecinos de Burbáguena reunidos en la Panadería Peribáñez en una fiesta sorpresa en honor a la trayectoria del obrador

Varios vecinos de Burbáguena reunidos en la Panadería Peribáñez en una fiesta sorpresa en honor a la trayectoria del obrador / SERVICIO ESPECIAL

El horno se apaga, pero el recuerdo permanece en cada casa y en cada mesa del Jiloca. El cierre de la Panadería Peribáñez deja un vacío que va más allá del pan y la repostería, y refleja las dificultades a las que se enfrenta el comercio tradicional en el medio rural. Con él se cierra un capítulo de la historia cotidiana de Burbáguena, marcada durante décadas por el trabajo constante de Jesús y Consuelo. Una despedida que forma parte de los cambios que atraviesan hoy muchos pueblos aragoneses.

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