La Máscara de Ateca vuelve a recorrer las calles con motivo de San Blas
El protagonista ha subido al cerro este martes, momento culmen de las celebraciones

La Máscara de Ateca, junto al presidente de la DPZ y el alcalde del municipio. / DPZ

La Máscara de Ateca ha vuelto a recorrer las calles del municipio este martes con motivo de la celebración de San Blas. Lo ha hecho en la tradicional procesión ataviada con su colorido traje de franjas verticales rojas y amarillas, un gorro, cascabeles, un sable y una cobertera -el pequeño escudo circular con el que ejerce su función protectora-.
Los actos han comenzado a las 11.00 con una misa a la que ha asistido el presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, Juan Antonio Sánchez Quero, quien ha destacado que se trata de "una de las tradiciones más singulares" de la provincia. Esta fiesta, declarada de Interés Turístico de Aragón, es "un ritual único que apenas ha cambiado en los últimos 125 años y que viven con ganas e ilusión en el pueblo", ha apuntado Sánchez Quero.
Tras la misa, ha tenido lugar la procesión hasta la ermita y la posterior subida al cerro, momento culmen de las celebraciones. Allí, los jóvenes del pueblo le esperaban en la cima armados con manzanas y se las han lanzado para intentar evitar que llegara a lo más alto -hasta 1979, en vez de manzanas y otras frutas a la Máscara le tiraban piedras-.
Una vez arriba, se ha formado un corro y se ha vuelto a cantar la canción 'El puente de Alcolea'. Al terminar, los niños han vuelto a intentar quitarle los cascabeles a la Máscara, que ha regresado a la ermita, ha recitado otra copla al santo y ha acompañado a la procesión de regreso a la iglesia cerrando así esta singular tradición que se repite cada año.
Los inicios de esta tradición son inciertos, ya que no se conservan datos escritos al respecto. Según se recoge en el libro 'Cascabeles entre bandas rojigualdas', escrito por el historiador Francisco Martínez García y editado por la Institución Fernando el Católico de la DPZ, existe la posibilidad de que la Máscara fuera un botarga, un personaje que era habitual en las fiestas populares en las que se usaban disfraces estrafalarios.
Sus raíces serían muy lejanas, y ya en el siglo XV habría sido incorporado por la Iglesia a la procesión del 'Corpus Christi' como elemento lúdico y festivo. Posteriormente, el botarga tendría la misión de bailar junto a los danzantes y de perseguir a los vecinos para golpearles con el sable y la cobertera. A ese botarga de los siglos XVII y XVIII, que vestía de rojo y gualda, que portaba sable y cobertera y que iba tras los niños y protegía a los mayores se le lanzarían restos de fruta y desperdicios al igual que se hacía con el antiguo Cipotegato de Tarazona.
Esta fiesta popular se vio influida por las tensiones que se vivieron en el siglo XIX entre realistas y liberales y entre carlistas e isabelinos, llegó a ser prohibida durante tres años en la Segunda República, y ha tenido que suavizarse atendiendo a nuevas costumbres que se han impuesto a las propias.
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