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De vender pan a repartir millones en un pueblo de Zaragoza: “Voy a seguir trabajando, es mi gente y no la voy a dejar tirada”

Chus Puyal vendió desde su despacho de pan los 100 boletos del Cupón Extra Día del Padre de la ONCE que han llevado la suerte a cien familias de la localidad

Varias vecinas de Zuera, este viernes por la mañana.

Varias vecinas de Zuera, este viernes por la mañana. / RUBÉN RUIZ

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ZARAGOZA

Hace cerca de veinticinco años, Chus Puyal abría por primera vez las puertas de su panadería en Zuera. Desde entonces y hasta ahora, con algún cambio de ubicación de por medio, se ha dedicado a un negocio que le ha unido a los zufarienses, que describe como “gente humilde y trabajadora”. Lo que no imaginaba es que, desde su despacho de pan, que tiene “cuatro o cinco metros”, repartiría los cien boletos del Cupón Extra Día del Padre de la ONCE que han llevado casi 21 millones de euros a esta localidad zaragozana. “Es una alegría muy grande”, expresa.

El premio ha caído repartido entre cien familias, de las que 99 han sido agraciadas con 40.000 euros y, la centésima, con 17 millones de euros. También Chus y su marido han sido premiados, y por eso, este viernes una amiga suya se encargó de la panadería mientras Chus hacía gestiones en Zaragoza. De vuelta ya en Zuera, recuerda cómo recibió la noticia de haber repartido tantos millones entre sus amigos: “Yo estaba tomando una cerveza, como todos los jueves, cuando me llama una clienta para decirme que podría haber dado algo más que la póstula. Le digo que para otra vez será y de repente me empieza a bombardear el teléfono con mensajes de que había dado el gordo, que había salido en la televisión, etc. Yo decía que no, que no era mi número”. Se equivocaba. El 72181 era el número premiado. “Tenía mi boleto en el móvil y me metí en internet para comprobarlo. Entonces vi que era verdad”, comparte emocionada.

A partir de ahí fueron todo llamadas y alegría entre los vecinos. Chus también contactó con José Antonio Durnes, el vendedor de la ONCE en la localidad que, según él mismo contó, siempre deja un número entero en la panadería por la amistad que les une. El vendedor estaba en ese momento en Punta Umbría (Huelva). “Fue mucha emoción. Al final es gente humilde y lo necesita, y es una alegría muy grande”, expresa. Celebra también que estuviera tan repartido entre todos los vecinos. “La gente coge un cupón, alguno dos al ser día del padre para dárselo a una hija, a una hermana o algo así… Pero es que son cien boletos premiados, y al fin y al cabo 40.000 euros son muchos”, indica.

La lotería para algún "capricho"

Su familia también ha sido agraciada, y cree que se darán “algún capricho” con el dinero recibido. Eso sí, ella continuará con su despacho de pan ubicado en la calle Mayor de Zuera. “Yo, a trabajar como todos los días. La panadería va a seguir funcionando, es mi gente y no los voy a dejar tirados”, asegura Chus. También por ahora plantean seguir con Casa Comín, el restaurante de su marido que también acumula ya años de historia.

“Empecé con la panadería hace veintitantos años en el mismo sitio en el que estoy ahora, y mi marido montó Casa Comín también en la calle Mayor. Luego decidimos llevar la panadería donde el bar, y teníamos ambas cosas en el mismo lugar”, explica. Chus detalla que era un restaurante familiar en el que trabajaban su marido y sus hijos. Pero los horarios eran “muy exigentes” -abrían de lunes a domingo desde las seis de la mañana y hasta el cierre- y eso les hacía “muy esclavos” del negocio. “Decidimos que mis hijos tenían que tener vida, y entonces cogimos un local en el polígono y abrimos ahí el restaurante. El horario ya era de lunes a sábado hasta la hora de los almuerzos. Por la tarde y al día siguiente guardabas fiesta para que los hijos tuvieran vida”, apunta. Casa Comín continúa en la misma dirección, la calle Alemania 37 de Zuera.

Chus relata que, al mismo tiempo que el restaurante se trasladó al polígono, el primer local en el que había estado la panadería, el mismo que es ahora su despacho de pan, se quedó vacío. “Yo quería seguir con mi negocio y lo volví a coger”, señala. Lo que entonces no sabía es que, en aquella panadería, tan querida por su propietaria y también por sus vecinos, no solo vendería pan. Algún día también repartiría millones.

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