Este es el pueblo de Aragón que recreará este fin de semana un rito ancestral: se desarrolla en un bosque y tiene propiedades curativas
La edición de este año tendrá un carácter especialmente simbólico, ya que coincide con el centenario de la fotografía más antigua conservada sobre esta ceremonia

Los vecinos recrearán el Rito del Herniado basándose en una fotografía centenaria conservada en el Museo Arqueológico Nacional . / ASOCIACIÓN CULTURAL SESAYO
Un pueblo de Aragón volverá este sábado 20 de junio a sus raíces para celebrar una nueva edición del Rito del Herniado, una tradición ancestral vinculada a la noche de San Juan que se ha convertido en una de las principales señas de identidad de esta pequeña localidad de las Cinco Villas. La edición de este año tendrá un carácter especialmente simbólico, ya que coincide con el centenario de la fotografía más antigua conservada sobre esta ceremonia, tomada en 1926 y custodiada actualmente en el Museo Arqueológico Nacional.
La celebración tiene lugar en Lobera de Onsella, donde vecinos y visitantes revivirán una tradición que hunde sus raíces en antiguas creencias populares relacionadas con la curación y la protección durante el solsticio de verano. La jornada comenzará a las 19.30 horas con una merienda popular en las Eras de San Juan. Posteriormente, a las 22.00 horas, vecinos y visitantes se reunirán en la ermita para inciar una procesión hasta el bosque de La Mosquera, escenario tradcional del rito. Será allí donde, media hora más tarde, se llevará a cabo la representación del Herniado, protagonizada este año por la pequeña Lua López Juanto. La velada concluirá ya entrada la madrugada con una sesión musical.
Solsticio de verano
Aunque actualmente se celebra como una recreación cultural y patrimonial, el origen del rito se remonta a tiempos muy anteriores al cristianismo. Según ha explicado la presidenta de la Asociación Cultural Sesayo, Ángeles Bailo, la ceremonia está vinculada a antiguas celebraciones del solsticio de verano que posteriormente fueron adaptadas a la festividad de San Juan. "Pienso que esto se remonta al principio de los tiempos. Luego el cristianismo lo adaptó a San Juan, pero el solsticio de verano se ha celebrado en prácticamente todas las culturas", ha señalado.
El ritual se desarrolla en el bosque de La Mosquera, un enclave al que tradicionalmente se le atribuían propiedades curativas. "Durante la mañana se selecciona un joven roble y se abre cuidadosamente una hendidura en su tronco. Ya por la noche, dos oficiantes realizan la ceremonia pasando tres veces al niño por el interior de esa abertura mientras recitan la fórmula tradicional: 'Tómalo Juan, dámelo Pedro; herniado te lo doy, sano te lo devuelvo' y ya después, se recitan varios salmos", ha detallado Bailo.
Finalizada la ceremonia, el árbol se cierra, se venda y se cubre con barro. Bailo ha detallado que la creencia popular sostenía que si el roble cicatrizaba correctamente durante el año siguiente, también sanaría la persona que había atravesado su tronco.
Un símbolo de identidad
La tradición estuvo viva durante generaciones y llegó a atraer a personas procedentes de distintos puntos de Aragón e incluso del sur de Francia. Sin embargo, la despoblación rural provocó su desaparición en torno a la década de 1960. No fue hasta 2004 cuando el rito volvió a celebrarse gracias al impulso del etnólogo Eugenio Monesma, de Pascual Plano y de los vecinos de la localidad, que decidieron recuperar una parte esencial de su patrimonio cultural.
Desde entonces, únicamente se ha interrumpido durante la pandemia y se ha consolidado como uno de los eventos más representativos de Lobera de Onsella. "Ahora los niños que participan están completamente sanos. Ya no se busca una curación física, sino mantener viva una tradición y reforzar el vínculo con el pueblo", ha insistido López.
De hecho, muchos de los pequeños que atraviesan el roble son descendientes de familias vinculadas a la localidad, aunque residan durante el resto del año en Zaragoza, Barcelona, Pamplona o San Sebastián.
"La implicación vecinal es total", ha defendido la presidenta. La asociación cultural cuenta con alrededor de 240 socios, una cifra que multiplica por más de diez la población residente y que refleja el fuerte arraigo de quienes mantienen sus vínculos con Lobera pese a vivir fuera.
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