Roberto Coromina: «He intentado que el cierzo, que es físico, cruce las barreras para convertirse en algo visual»
El artista zaragozano firma una intervención escultórica para la nueva boutique IQOS de Zaragoza y reflexiona sobre el paisaje aragonés, la memoria y el reto de acercar el arte contemporáneo al público
Roberto Coromina / Cedida
Bego Contreras
El cierzo se siente, pero no se ve. Convertir su fuerza en formas que puedan observarse es el desafío que Roberto Coromina ha abordado en su intervención para la nueva boutique IQOS, situada en la calle del Coso de Zaragoza. Para el artista, nacido en Remolinos, el proyecto conecta con un territorio que atraviesa su trayectoria: el Ebro, el Moncayo y un viento que reconoce como parte de su propia identidad.
La pieza lleva al espacio una investigación sobre el movimiento y la percepción. También plantea una cuestión presente en su manera de entender el arte: cómo despertar la curiosidad de quien se encuentra con una obra y conseguir que se detenga a mirarla. Coromina habla del proceso creativo, de las colaboraciones que lo llevan fuera del estudio y de su interés por las obras que se descubren poco a poco.
Eres zaragozano y tu obra siempre ha estado muy ligada al territorio. ¿Qué significa para ti crear una pieza que va a permanecer precisamente aquí, en Zaragoza?
Me ilusiona que una de mis obras pueda verse en un espacio abierto al público y que alguien que vaya a la boutique IQOS se la encuentre. El territorio y la memoria son fundamentales en mi caso: de ahí surge todo. Formo parte de ese territorio y mi trabajo responde a mi origen.
El cierzo es uno de los grandes protagonistas de esta obra. ¿Cómo se convierte algo que no podemos ver, como el viento, en una pieza artística?
El trabajo del artista, por definición, necesita silencio y concentración. De esas condiciones surge el proceso creativo, que tiene una parte de investigación. Me gusta enfrentarme a desafíos y, en este caso, he intentado que el cierzo, que es físico, cruce las barreras para convertirse en algo visual.
¿Qué tiene el paisaje aragonés que sigue apareciendo, de una forma u otra, en tu trabajo?
El paisaje aragonés, por fortuna, es muy variado. A mí me marcaron el Ebro, el cierzo y el Moncayo. Siempre he creído que esos elementos forjan el carácter de quienes hemos nacido y nos hemos criado aquí. Quiero pensar que somos resistentes y que tenemos las cosas claras, que hay poco margen para las dudas.
¿Qué querías transmitir con esta pieza y cómo fue su proceso creativo?
Tenía en mente el cierzo y la ubicación de la obra. Los artistas podemos hacer piezas muy directas u otras que llegan poco a poco. Siempre me han interesado más estas últimas: obras que se van descubriendo y en las que, al volver a mirarlas, encuentras algo que antes te había pasado desapercibido.
Roberto Coromina / Pablo Sanz García
Esta obra nace de una colaboración con IQOS. ¿Qué te atrajo del proyecto cuando te lo propusieron?
Lo que me atrajo fue el reto: hacer algo tridimensional a partir de un viento, el cierzo, que se experimenta, pero no se toca; que pasa a tu lado y te zarandea. La propuesta también consistía en trabajar en equipo. Me gusta salir mental y físicamente de mi estudio. Siempre estoy encantado de participar en colaboraciones que me permiten ver otros mundos desde otra perspectiva.
La campaña de IQOS parte del concepto «Evolucionamos». ¿Cómo has llevado esa idea a tu manera de entender el arte?
El cambio y la evolución siempre han sido una parte fundamental e incuestionable de mi trabajo. Los entiendo desde mi perspectiva artística y desde la investigación.
La nueva boutique busca una conexión con Zaragoza. ¿Qué papel crees que juega tu obra en ese vínculo con la ciudad?
Los artistas contemporáneos utilizamos un lenguaje que me gustaría que se leyese de una manera cercana. Apuesto por acercar el arte contemporáneo a un público lo más amplio posible. Es algo por lo que luchamos continuamente. Es cierto que manejamos códigos con muchas referencias y un lenguaje muy específico, pero ese lenguaje puede abrir al espectador una forma de conocer el mundo desde otro ángulo. Me gusta que Zaragoza tenga otras «ventanas» a través de empresas privadas que apuestan por los artistas de la ciudad y por el arte contemporáneo.
Para alguien que se encuentre por primera vez con tu obra, ¿qué te gustaría que sintiera o que se llevara de ella?
Me gustaría que no pasase desapercibida, que despertara su curiosidad y le hiciera detenerse, observarla y disfrutarla. Si consiguiera tocar su emoción, habría logrado mi propósito como artista. La conversación vuelve así a la mirada del espectador. Después de la investigación y del trabajo con las formas, Coromina sitúa el sentido de la pieza en ese encuentro: que alguien se detenga ante ella y descubra algo que, hasta entonces, no había visto.