A. Scott Berg entró por primera vez en la casa de Katharine Hepburn de Manhattan en 1983. La entrevista que el joven de 33 años realizó a la estrella de 77, un encargo de una revista, nunca vería la luz pero, ocho días después de aquel encuentro él ya era su compañero de parchís, tenía una llave de la puerta principal y varias indicaciones útiles: las bebidas se servían, puntualmente, a las seis y la cena, a las siete.

Hepburn había abierto sus puertas a algo más que un amigo. Inició con Berg dos décadas de conversaciones, un repaso a su vida y sus ideas que el premio Pulitzer (lo obtuvo por Lindbergh, biografía editada por Plaza & Janés) ha recogido en Kate remembered . Ayer, menos de dos semanas después de la muerte de la actriz y cumpliendo su voluntad, se publicó en Estados Unidos.

PRIVILEGIO Y SECRETO

El escritor aprovechó "el privilegio" de largas horas de intimidad y conversación con una mujer a la que respeta. "No la traten sólo como una actriz --ha pedido--. Era un icono influyente, un modelo no sólo para las mujeres sino para los hombres que quieren saber cómo vivir con una mujer fuerte".

En el 2000, sin que ni siquiera sus padres supieran que estaba preparando el libro, Berg lo tenía prácticamente listo. En la editorial Putnam, donde se conocía como el libro secreto , menos de una decena de personas conocían la existencia de esa obra guardada en la caja fuerte. Hasta que el 29 de julio Berg recibió una llamada. Katharine Hepburn había muerto a los 96 años. Podía poner el punto final. La imprenta arrancó.

"Ella a menudo sugería la importancia de publicar un libro inmediatamente (tras su muerte) porque presumía que habría muchos sobre ella y temía que estuvieran llenos de los mismos errores que han aparecido durante años", dice Scott Berg.

SIN MORBO

El testamento biográfico de Hepburn, de 370 páginas, es un repaso cronológico a su vida y carrera en el que se incluyen conversaciones. Aunque habla de sus hombres --de Spencer Tracy a John Ford pasando por Howard Hughes--, el libro dejará con ganas a los morbosos.

Se quedarán sin nada que llevarse a la boca quienes esperan revelaciones sobre su supuesta bisexualidad, un tema que se zanja con una declaración: "Nadie sabe lo que sucede entre dos personas cuando están solas". Y también rabiarán todos aquellos que esperen cualquier declaración sobre temas como el sexo o el dinero. "Nunca pregunté, nunca me dijo", explica Berg.

A cambio, el libro ofrece el retrato de una mujer poco dada a lo abstracto y una aproximación a sus ideas sobre asuntos como la interpretación. "Afrontémoslo. (Los actores) Somos prostitutas. He pasado mi vida vendiendo mi cara, mi cuerpo, la forma en que hablo y ando".

El carácter indomable de Hepburn inunda las páginas del libro. Y se manifiesta en un emocionante pasaje, cuando Berg le sugirió --ella ya estaba postrada en una cama-- que dejara de comer para morir. "De repente, su cabeza se giró y sus ojos ardientes se clavaron en los míos. Tomó mi mano derecha y la llevó a su brazo izquierdo. ´No estoy débil´, dijo, agitando su brazo flexionado para que yo pudiera sentirlo. Estaba increíblemente firme. ´No me estoy muriendo´, dijo. ´Soy fuerte´".