Era la hora de comer y apareció con el ceño fruncido. ¿Hambre, quizá? ¿Demasiadas entrevistas promocionales? El encuentro con EL PERIÓDICO debía de ser como mínimo el 10° del día. Así de fatigosa es la vida en los festivales para las estrellas. Entrevistas a granel. "Me acabo de despertar de una pequeña siesta", confesaba Oliver Stone en Venecia. Suerte la suya. Y debió de ser reparadora, a juzgar por la energía que invirtió en defender su última obra, World Trade Center, de su presunta orientación patriótica. Es apolítica, insistió. Solo una intensa historia de amor, amistad y supervivencia en el marco del 11-S. Se estrena el viernes en España.

--¿Dónde estaba el 11-S?

--Estaba en Los Ángeles, durmiendo. Me despertó mi esposa. No tenía nada importante que hacer y me quedé mirando la tele.

--¿Recuerda qué pensó?

--La gente en EEUU estaba muy enojada y quería venganza. Yo también. Cuando me enteré de que era Al Qaeda, quise que fuéramos a por ellos tanto como el que más. Creo que la guerra en Afganistán estuvo justificada. Así lo creí entonces y aún lo creo ahora. El mundo entero nos apoyaba el 12 de septiembre y estaba a favor de esa guerra. Ojalá se hubiera luchado ahí hasta su conclusión. Lo que Nunca entendí fue que la atención cambiara tan rápidamente hacia Irak. Llevaron las mejores tropas de Afganistán a Irak.

--Usted criticó esa decisión.

--Siempre condené la guerra de Irak. En mi país se metieron mucho conmigo por hacerlo. Incluso hoy. Creo que es un desastre, un mal uso de nuestros recursos, una tragedia para nosotros, para Irak, para Oriente Próximo... El 11-S fue politizado, no hay duda de ello.

--Y teniendo las ideas tan claras, ¿por qué hizo una película políticamente plana?

--No he querido que mis creencias políticas interfirieran entre el público y la película. World Trade Center es una gran historia de supervivencia, de dos agentes atrapados entre los escombros, de sus esposas y de aquellos que les rescataron. Quería honrar su historia real. No quería que se centrara en Oliver Stone, no había necesidad de declaraciones políticas. Sigo teniendo mis opiniones y soy capaz de disociarlas de mi trabajo.

--¿Y no teme decepcionar a aquellos que le admiran por su perfil antiestablishment?

--Espero tener fans por mis películas y el trabajo invertido en esta ha sido muy grande. Se tiene que reconocer que la película tiene mucha fuerza y hace llorar a mucha gente. Hemos visto en muchos cines su efecto emocional. Es algo que tienen todas mis películas. Por eso puedo decir que no he cambiado.

--Ya, pero...

--Esta película tiene corazón. El corazón puede hacer que la raza humana cambie y mejore y se sienta unida. Cuando politizamos las cosas, nos separamos. Como dijo John Kennedy en 1963, todos respiramos el mismo aire y vivimos bajo el mismo sol. Vamos a seguir teniendo guerras mientras sigamos politizándolo todo. En EEUU la cosa ha enloquecido. La izquierda, o parte de ella, atacó la película y creo que ni se molestaron en verla, en buscar el corazón que subyace. No es un filme ni de izquierdas ni de derechas, es vida.

--¿Le molesta entonces que se diga que es una película que podía haber dirigido Ron Howard?

--Quizá sí pudo haberla dirigido. Yo admiro a Ron Howard. Pero técnicamente fue una película muy complicada, una auténtica pesadilla, y me dejé la piel en ella. Hubo restricciones para rodar en Nueva York, así que debimos construir platós en Los Ángeles y digitalizar los escenarios. Fue un trabajo enorme, agotador...

--¿Y qué es lo que le interesó de la historia de los dos agentes?

--El sabor de la muerte. World Trade Center es al final una reflexión sobre la muerte. Lo que me interesó de verdad es qué mantuvo vivos a esos dos hombres. ¿Fue la vinculación con su familia? ¿La vinculación con su religión? ¿La vinculación entre ellos? Es una historia sobre la muerte, de estar al borde del final, de coraje, del papel del miedo, del sentimiento de amor. ¿Qué es el amor? Puedes estar casado 20 años con una persona y tener tres hijos y no quererla, y eso sale en esos momentos. La película narra dos historias de amor muy tiernas.

--Usted sabe qué es estar cerca de la muerte.

--Bastante bien. Me hirieron dos veces en Vietnam. Tengo una herida aquí detrás en la nuca provocada por una bala. Unos milímetros más allá y no estaría aquí. Me salvé por centímetros, como los dos protagonistas de la película. Ellos fueron 2 de las 20 personas que sobrevivieron entre más de 3.000 que se encontraban en el epicentro. Un milagro.

--Por cierto, ¿ha visto United 93?

--Sí. Me gustó mucho. Pero el estilo es distinto. Se pueden hacer seis o siete películas sobre el 11-S. Quizá yo haga otra, igual centrada en la guerra al terror. Quién sabe.