Ni en la Tate de Londres, ni en el Pompidou de París ni en el MOMA de Nueva York le dedican un minuto al arte contemporáneo africano. Esta ausencia, cuenta André Magnin, ha sido una de las razones para que el coleccionista Jean Pigozzi decidiera no imitar a amigos suyos que invierten sus fortunas en crear colecciones muy parecidas donde no falta un Cy Twombly, un Basquiat, un Buren, un Richard Serra o un T pies.

Pigozzi fichó a Magnin en 1994 tras su trabajo en Les magiciens de la terre la exposición que amplió el radio de visión del arte hasta Australia, Latinoamérica y África demostrando que los países ricos se miran demasiado el ombligo. La colección Pigozzi, cuya sede está en Ginebra, tiene ahora 10.000 piezas.