Al entrar en la Aljafería hay que pensar que el edificio tiene 1.000 años y que desde esos inicios del siglo XI en que se levantó como palacio de recreo del rey moro Al Jafar hasta el matrimonio de Fernando II de Aragón (el Católico, ya viudo de Isabel) con Germana de Foix, sobrina de Luis XII de Francia, pasaron 500 años, los mismos que desde esa boda de 1506 hasta ahora. En esos mil años, el uso del edificio ha sido ininterrumpido: Castillo islámico, palacio de los Reyes de Aragón, alcázar de los Reyes Católicos, fortaleza, prisión, cuartel militar y ahora sede de las Cortes autonómicas.

La visita a la exposición Ferdinandus rex Hispaniarum (Príncipe del Renacimiento) se inicia una vez traspasado ese jardín islámico de los naranjos, el patio abierto (completamente reconstruido) que era una representación del paraíso musulmán, con plantas medicinales y aromáticas, el agua corriendo por canalillos con un estanque-espejo central que multiplicaba las arquerías de acceso al harén del rey, al lado opuesto de la mezquita.

En estos días las visitas desbordan todas las previsiones. Grupos de 30 personas van atravesando las salas tratando de no llegar nunca a juntarse, como en escenas de vodevil. En apenas 50 minutos hay que observar miles de piezas, incluídos escaleras, muros y techumbres. Se han aumentado los guías y se alcanzan los mil visitantes diarios. Al final, todos salen decididos a volver con más calma.

EL CRUCE DE DOS ÉPOCAS

La caída de Constantinopla en 1453 es el punto final de la Edad Media. Fernando II de Aragón, en la bisagra con el Renacimiento había nacido el 10 de marzo de 1452. La Sala Baja de Pedro IV o del Aljibe es donde se describe brevemente la biografía de Fernando II y del contexto histórico de su reinado.

Hijo de Juan II de Aragón y de Juana Enríquez, viene a nacer en Sos. Una maqueta de esta villa medieval en la penumbra, deja iluminada la casa palacio en la que nació Fernando II. El padre luchaba en Navarra contra el Príncipe de Viana y la madre llegó a Sos huyendo de la maldita guerra dinástica para dar a luz. El aljibe tiene 12,5 metros de profundidad, se aprovecha del freático del Ebro, situado a sólo 500 metros.

Destaca en la pared el temple sobre tabla de Tomás Giner representando a San Martín de Tours y Santa Tecla (1458-1459). Ese santo tiene el rostro y las vestiduras del arzobispo Dalmau de Mur, quien bautizó a Fernando II en la Seo. Tomás Giner fue nombrado pintor de Fernando en 1473 cuando éste era rey de Sicilia y príncipe de Aragón y de Castilla.

En todo el recorrido de esta exposición se despliega la gran pintura gótica del siglo XV, con Bartolomé Bermejo a la cabeza. Es el último momento en la pintura, hasta Cezanne (a finales del siglo XIX) en el que la superficie del cuadro se muestra, como un espacio sagrado plano, diferente al espacio real, el de este mundo, que comienza a ser imitado en pintura al inventarse en Italia la perspectiva. Hay proyecciones acerca de los motivos del blasón real, el nudo gordiano cortado por Alejandro Magno (siglo III antes de Cristo) sobre el yugo, que vendría a simbolizar más tarde la doble cabeza reinante, con Isabel, y la expresión Tanto Monta o tanto da desatado como cortado, si el nudo se resuelve, signo del talante pragmático de Fernando.

Era una época muy dada a crear blasones y símbolos de identidad en toda Europa. Las flechas reunidas evocarían la unión de reinos. La granada se incorporará más tarde con la victoria sobre Boabdil en 1492. Esos emblemas están bordados en una capa real, desplegada como ornamento litúrgico en una vitrina.

La sala alta exterior de Pedro IV presenta el linaje, la estirpe, la casa de Trastámara en Aragón. Menuda época. Pedro IV, en el siglo XIV, estuvo en guerra con el rey de Castilla, el Cruel, quien nos invadió como Pedro por su casa: Calatayud, Tarazona o Torrijo de la Cañada aún muestran cicatrices de aquella versión ibérica de la Guerra de los 30 años. Hasta el Papa estaba involucrado.

Ahí tenemos el cuadro de Juan de Juanes representando a Alfonso V el Magnánimo, rey de Aragón, quien, al morir sin heredero deja la dinastía en manos de su hermano de Juan II, padre de Fernando. Se trata de la última adquisición del Museo de Zaragoza. Un libro abierto aparece reflejado en el casco del rey. Un tímpano de 1500 tallado en madera por Gil de Bravante representa a Cristo resucitando a Lázaro.

JUDÍOS E INQUISICIÓN

La Torre del Trovador de la Aljafería es el espacio en el que se explica la coexistencia con las minorías (judíos y mudéjares). La expulsión de los judíos de la Corona de Aragón y el nacimiento de la Inquisición fueron piezas clave en la política religiosa de Fernando II. Una serie de piezas nos acercan al concepto de limpieza de sangre que imperó durante todo e siglo XV y parte del XVI. La propia torre fue cárcel para muchos judíos, ya que la Aljafería fue sede del Tribunal Eclesiástico.

Se muestran bacinas del siglo XVI traídas de Nuremberg, el relicario y el retrato de Pedro Arbués, y la pareja de espadas con que presuntamente los asesinos del gran inquisidor (y mejor persona, ya que le nombraron santo) atentaron contra él mientras oraba en el coro de la Seo (1485). Hay diversos coranes, como uno hallado escondido entre la techumbre del Salón del Trono de la propia Aljafería.

Fernando era también un señor de la guerra: espadas, cascos, capacetes, bacinas, alabardas, una ballesta, un proyectil de piedra, armaduras, un cañón empleado en la conquista de Granada y una talla flamenca del XVI sobre la Resurrección de Cristo, en la que aparecen los soldados romanos vestidos de renacentistas.

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