El escritor oscense Javier Tomeo vuelve a tratar la incomunicación en su última novela, La noche del lobo (Anagrama), que se ha presentado en Cálamo. Lo hace, como siempre, partiendo de "una trama simple, un diálogo entre dos personajes que va creando la atmósfera". Un ambiente ideal para desarrollar mil temas, dependiendo de la imaginación y las ganas de reflexionar del lector, que surgen de la breve historia de esta noche lobuna.

En ella, Macario e Ismael, poeta y agente de seguros, se ven forzados a pasar la noche hablando en la oscuridad, apenas a 20 metros el uno del otro, tras sus respectivas torceduras de tobillo en un camino apartado. Imposibilitados para pedir ayuda, la conversación aleja el miedo y el silencio opresivo y va discurriendo por muchos caminos.

Como se ve, la situación dista mucho "de las tramas complicadas de algunos colegas --dice Tomeo-- . Mis historias son más dramáticas". Quizá por eso hayan sido tan fácilmente adaptadas al teatro en Francia y Alemania, países donde Tomeo goza de especial reconocimiento. Pero el escritor no busca estas adaptaciones. "Existe la tentación de proyectar las novelas con vistas al teatro, pero hay que huir de ella. Yo escribo para mí y mis lectores".

Esta novela parece a priori difícil de representarse, pero desde luego no imposible, ya que como asegura el oscense "un buen adaptador puede llevar al teatro el listín telefónico. Hay que tener en cuenta que en el teatro moderno se hacen cosas muy raras", bromea.

Sus novelas, precisamente por la libertad de pensamiento que dan al lector, pueden suscitar diferentes lecturas, y, de hecho, Tomeo confiesa sentirse "sorprendido, a veces, de lo que llegan a interpretar, aunque algunos aciertan bastante". Una lectura que recuerda especialmente fue de un crítico alemán, sobre la novela El castillo de la carta cifrada, en la que "aseguró que era una metáfora de la España franquista y el exilio; yo ni me lo había planteado".

En este trabajo es internet la que centra muchas de las reflexiones. "Una herramienta de comunicación maravillosa" que Tomeo ni alaba ni critica, pero de la que opina que "no debe abusarse de ella". En la novela lo que ataca es "el saber deshumanizado que adquiere Macario, en el que se echa de menos el maestro".

El escritor asegura que esta novela, aunque corta (146 páginas), ha conllevado "un enorme trabajo de pulido, corrección tras corrección, para llevar al máximo el principio de economía del lenguaje y volver al comienzo, al absurdo". Por ello es una de las obras "que más me gustan, junto a Amado Monstruo o El castillo de la Carta Cifrada".

Y ya que el escritor da tanta autonomía a sus personajes, cabe preguntarse qué habría pasado si Macario hubiese tomado el otro camino al principio de la novela. "Quizá se habría encontrado una mujer maravillosa y vivido otra vida... es una idea para la siguiente novela".