El guión de las películas que han acaparado los premios más destacados de la 39ª edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges anida en trágicos sucesos que escandalizaron a la opinión pública tras acaparar la atención mediática. Réquiem, dirigida por Hans-Christian Schmid, logra entre silbidos y aplausos el reconocimiento a la mejor película con un drama real, que aconteció en 1976, sobre una joven epiléptica que murió de desnutrición y agotamiento tras padecer varias sesiones de exorcismo. Rohtenburg (Grimm love story), la otra gran triunfadora, relata la terrorífica historia del caníbal de la ciudad de Rotemburgo.

Este filme, que provocó vómitos y desmayos en su pase en Sitges, acapara la distinción al mejor director (Martin Weisz), a la mejor fotografía, y ex aequo al mejor actor por la entrega de sus dos protagonistas, Thomas y Krestchmann y Thomas Huber.

Sandra Hüller, ya consagrada en Berlín por Réquiem, logra de nuevo el premio a la mejor actriz por dar vida al mismo personaje que inspiró a El exorcismo de Emily Rose, cinta que hace un año concursó en Sitges.

Weisz se adentra en la oscura psicología de Armin Meiwes, un informático que confesó haber dado muerte al ingeniero berlinés Bernd-Juergen Brandes, con su consentimiento, la noche del 10 de marzo de 2001 en su casa de Rotemburgo.

LAS FAUCES DEL CANÍBAL

El caso supera la más sangrienta escena de zombis que se le pueda ocurrir a un guionista experto en cine gore. La película cuenta como, tras cortarle el pene para asarlo y comerlo juntos, degollarlo y descuartizarlo, el caníbal ingirió carne del cuerpo de Brandes, y luego guardó los trozos restantes en un congelador para su posterior consumo.

De todas maneras, Weisz no muestra las escenas más escabrosas. La cámara no se deleita en el ataque del monstruo. Sugiere más que enseña, pero la atrocidad del acto por sí solo y la perversidad de la relación íntima que se establece entre la víctima y el verdugo es difícil de soportar.

Da que pensar que los premios más destacados del festival de cine fantástico recaigan en dos óperas primas alemanas inspiradas en casos reales. Según Ángel Sala, director del certamen, es síntoma de madurez del género que supera ciertas barreras.

"La decisión del jurado demuestra que el cine fantástico ya es adulto, y se permite invadir parcelas que antes estaban acotadas a la realidad", argumenta Sala, que aprovecha la ocasión para leer una carta escrita por David Lynch en la que lamenta su ausencia.

Ningún galardón ha recaído en una película dirigida por un realizador español. La mayoría exhiben buena factura pero demasiadas lagunas aparecen en sus relatos. En competición oficial participaban La hora fría, de Elio Quiroga, Los abandonados, de Nacho Cerd ; y dentro de la sección Méli¨s, La caja kovak, de Daniel Monzón, y Moscow zero, de María Lidón, conocida como Luna.

Hoste, del aclamado Bong Joon-ho, se lleva el galardón Orient Express, que concede Casa Asia, y también el que se brinda a los efectos especiales. Homecoming, el capítulo que ha realizado Joe Dante para la serie Masters of horror, acapara el premio especial del jurado. Brick, uno de los filmes que más ha sorprendido, se debe contentar con un premio menor, el que reconoce al director revelación, Rian Johnson.

Lo que queda claro en Sitges es que ha llegado la hora del revelo generacional. En la competición oficial, los laureles se los llevan jóvenes realizadores en detrimento de nombres tan consagrados como los de los directores Takashi Miike, John Carpenter y Kim Ki-duk.

En el 2007, el festival cumplirá 40 años. No faltará un homenaje a un filme mítico del cine fantástico: Blade Runner, de Ridley Scott. Esperemos que su presencia en Sitges sea algo más que un póster y una carta, y que venga.