Geraldine Chaplin, que anoche recibió la Medalla de Oro de la Academia de Cine, ha pasado media vida viviendo en España, y las diez películas que rodó con Carlos Saura le abrieron las puertas al tipo de cine que buscaba. Por eso, no duda al afirmar: "Yo le debo todo al cine español".

"España es mi país. Llegué con apenas 19 años para rodar Doctor Zhivago y me enamoré de esta tierra. Me quedé a vivir y quise trabajar aquí. Me hablaron de un joven director, muy marginal, inteligente y con cierto talento. Era Carlos Saura", recuerda.

"Tenía ya el casting cerrado para Peppermint Frappé, pero habló con su productor, también muy marginal, muy inteligente y con cierto talento, Elías Querejeta, y él le dijo: olvídate del cásting y coge a la Chaplin", comenta esta mujer.

"Sus películas (las de Saura) me abrieron las puertas a un cine que, hasta entonces, me era ajeno y al que no tenía acceso. Comenzaron a llamarme otros directores marginales de todo el mundo, y así pude hacer los papeles que deseaba", añade Geraldine, para quien la Medalla de Oro de la Academia de Cine supone "un gran honor, un privilegio y una sorpresa inesperada".

"Es como el mundo al revés porque yo le debo todo al cine español y, cuando quieres mucho a alguien y crees que no lo sabe, al hacerte un regalo te quedas doblemente agradecida", asegura. Ella cree que su éxito también es por la genética: "Ha influido mucho la genialidad de mi padre, porque yo he sido su gran admiradora y, al igual que los hijos de los médicos se hacen médicos y lo mismo pasa con los abogados. Yo soy actriz por ser hija de quien soy". Desde el principio sentí el cariño de la gente, porque con mi padre todo el mundo se identificaba con él. Así que me trataban como una hija. Algo impagable", prosigue. A sus 66 años, Geraldine Chaplin lleva 40 trabajando como actriz. Entre el cine que se hacía entonces y el de hoy, no encuentra grandes diferencias, pero sí alguna: "Siempre ha habido buen cine y mal cine. Pero hoy el denominador común es el dinero, conseguir la máxima taquilla el primer fin de semana. Eso no me gusta, pero también existe otro cine comprometido e independiente".

Tras su separación sentimental y artística de Carlos Saura, la industria española dejó de llamarla: "Me identificaban demasiado con su cine, así que pasé veinte años sin volver a trabajar en España. Hasta que, hace unos años, un joven cineasta me rescató, rodé varias películas y después ¡Almodóvar!".

El éxito de seguir en la brecha a su edad lo atribuye "a las arrugas y a la suerte. No necesariamente en ese orden", dice, para terminar contando con ironía cómo hace poco, en Los Angeles, anunciaron un casting para una mujer de 60 años sin lifting. "¡Y sólo se presentaron dos actrices!".