INTÉRPRETES: Staatskapelle Berlin, Daniel Barenboim (director)

LUGAR: Sala Mozart del Auditorio

FECHA: Jueves, 19 de octubre

ASISTENCIA: Lleno

Se inauguraba ayer la duodécima edición de las Temporadas de Grandes Conciertos Otoño del Auditorio con una de sus sesiones estrella. A Daniel Barenboim ya lo habíamos visto y escuchado en la Sala Mozart en calidad de pianista y ayer le tocaba mostrar su faceta directorial, al frente de su orquesta, la Staatskapelle de Berlín, esto es, la orquesta de la Ópera Estatal de la capital alemana (la que antes quedaba al este del muro, vamos).

En el programa había una única obra, una de esas grandes sinfonías mahlerianas: la Séptima. Theodor Adorno, iluminador de la vanguardia, la llamaba (lo ponía en las notas del concierto) un gigantesco mamotreto simbólico. No es fácil decir ni que sí ni que no: Mahler plantea ochenta minutos de música que, independientemente de su valor intrínseco, está dirigida al estado de ánimo del público. Hay partes bien difíciles, momentos en los que se pone la carne de gallina y luego, todas esos detalles que hacen que Mahler sea Mahler: los cencerros, las campanas, la mandolina,... y ese final trompetero un poco tramposo que arranca a la audiencia del asiento.

En cuanto a Barenboim como director, pasa como con el compositor. Hay valedores a ultranza de su trabajo y detractores impenitentes de su labor con la batuta. Cierto es que el israelí-argentino tiene una cabeza privilegiada y un sentido extraordinario de la música. Y del teatro. Cuando se enfrenta a las grandes obras del pasado, con bastantes títulos de ópera y hasta con obras recientes bien complejas, sus resultados son, a mi entender, magníficos. Ahora bien, reconozco que me extraña que le interese Mahler. Incluso me pregunto si le interesa.

Su Séptima estuvo presentada con solvencia, con un trabajo competente de la Staatskapelle, a mitad de camino entre las lecturas más líricas y las más atribuladas. Sin que sirva de precedente, reconozco que al final del concierto no sabía si me había gustado o no (dentro de lo muy bueno, eso sí), ni era capaz de averiguar por qué. Pregunté a varias personas de criterio más que fiable y las opiniones fueron bastante variadas. Me tranquilizó saberlo.