INTÉRPRETES: Anima Eterna

LUGAR: Sala Mozart del Auditorio

FECHA: Sábado, 21 de octubre

Este año ha sido la Sociedad Filarmónica la última en iniciar el curso musical, aunque en su favor diré que su concierto inaugural ha sido sencillamente magnífico. Los belgas Anima Eterna, dirigidos por Jos van Immerseel, llevan una veintena de años buscando el tono correcto para todo tipo de música antigua y recientemente han llegado hasta los albores del siglo veinte.

Su programa fue una elegante selección de tres conciertos mozartianos: el tercero de trompa, el de flauta y arpa y el de dos pianos. Los años de trabajo de Immerseel con sus huestes se notan en la fluidez de su sonido, en la precisión exhibida durante todas las obras (preciosos los vientos en el concierto de dos pianos) y en una brillantez civilizada, que no rehuye el ataque contundente cuando es menester, pero nunca busca la agresividad.

Como valor añadido estaba escuchar las tres obras en instrumentos originales, algo muy raro de ver. Ulrich Hübner se encargó de la difícil parte de trompa natural en el desenfadado Concierto K. 447, con su divertido final cazador. El cristalino sonido del arpa clásica de Marjan de Haer hacía perfecta pareja con la flauta de Frank Theuns en un concierto que descolló por el control sonoro que permitió un equilibrio aparentemente imposible entre orquesta y solistas.

Y, por fin, Immerseel junto con Yoko Kaneko bordaron el concierto de dos teclados, sentados en línea frente a sendos fortepianos de sonido hipnótico, llenos de matices y perfectamente integrados con el tono del conjunto acompañante. Su completa adecuación al estilo (y a la difícil técnica de estos instrumentos) se amplió en la propina: el tiempo lento de la sonata para dos pianos de Mozart.