Frutos carnosos, liebres recién cazadas, flores recién cortadas, cacharros de cobre... El repertorio del género pictórico conocido como bodegón español es inagotable y con los años se ha ido librando de un desprestigio que por desgracia contribuyó a la exportación de obras, actualmente expuestas en museos de todo el mundo. El Museo del Prado inauguró ayer la exposición Lo fingido verdadero que presenta 40 pinturas de la colección Naseiro, valorada en 26 millones de euros, adscritas a la pinacoteca por el Ministerio de Cultura tras la aceptación de Hacienda de su donación en pago de impuestos del BBVA.

La colección fue reunida por el empresario inmobiliario y tesorero del PP Rosendo Naseiro, que fue objeto de una investigación judicial que se sobreseyó por falta de pruebas. Naseiro empezó reuniendo pintura española antigua en general y a principios de los años 80 decidió centrarse exclusivamente en la naturaleza muerta, con el bodegón y el florero como temas. Una coyuntura económica más favorable que la actual le permitió ir reuniendo una colección de un centenar de obras de arte fechadas entre los s. XVII y XIX.

Hace más de un año el Prado inició el proceso de selección de las obras de esa colección. Se adquirieron 40 de las que 21 están fechadas en el siglo XVII, la edad de oro del bodegón. Alfonso E. Pérez Sánchez organizó en 1983 una gran exposición de bodegones, de los cuales 42 procedían de los depósitos del Prado y habían tenido que ser restaurados. Entre las incorporaciones que destaca este especialista figura la obra maestra del género Bodegón con alcachofas y ciruelas (1621) de Juan van der Hamen y Bodegón con moras, acerolas y avellanas del hispano-napolitano Luis Meléndez, quizás el más célebre de los bodegonistas junto con Sanchez Cotán. De Juan Fernández, El Labrador, el museo incorpora cuatro pinturas a sus colecciones, y seis del valenciano Tomás Hiepes. De Santiago Alabert se presentan dos tablas de 1799.