La colección Gerstenmaier abarca un abanico de tiempo y autores del siglo XV al XX y se compone de dos partes, por un lado, pintura española del siglo XIX, y por otro, pintura flamenca. Es precisamente esta última la que puede verse hasta el 20 de diciembre en las salas de Cajalón. Rudolf Gerstenmaier presentó ayer en Zaragoza esta exposición junto a la comisaria, Marisa Oropesa; y Jana Catalán, como representante de Cajalón.

Esta Pintura flamenca se compone de alrededor de 60 obras --el 98% de la colección de este alemán afincado en España desde hace más de 40 años-- entre cuadros religiosos (trípticos y tablas de la vida de Jesús de un "flamenco casi primitivo"), paisajes, bodegones, retratos y grabados de hombres ilustres firmados por Rubbens, Goltzius o Van Dyck.

Gerstenmaier explicó que su colección ha crecido a lo largo de 40 años. En Cajalón se muestra la "pintura religiosa, excepcional en cómo están presentados los colores, la profundidad, etc. porque hay que tener en cuenta que han pasado 400 años desde que fueron pintadas y que quizá Felipe II o Carlos V han visto estos cuadros", definió el coleccionista en un perfecto castellano.

"Para mí, coleccionar es algo excepcional, un vicio y a la vez un veneno dulce porque cuando adquieres una o dos obras, quieres la tercera y la cuarta", reconoció, antes de añadir: "Así se ha formado esta exposición, comprando en salas de subastas, galerías, anticuarios y casas particulares".

En cuanto a las pinturas religiosas, destaca el tríptico de la Adoración de los Reyes, de Jan de Beer, "detrás de la cual estuve muchos años". pero también Cristo con la virgen, una tabla hispanoflamenca que destaca por su "expresividad"; o el tríptico Santa Cruz, que presenta a los "personajes en primer plano y una ciudad flamenca al fondo; y en los laterales unos escudos aunque no se conoce a qué familia representan". También impresionan la Virgen de la leche, de Van Der Weyden, la Adoración de los pastores, de Martín de Vos; o los calvarios de Jacob de Backer y anónimo, "obras muy coloristas".

Los marcos de los cuadros han sido muy cuidados, y también la colocación dentro de la exposición. En una sala se presenta la pintura religiosa; en otra, cuatro grabados de temas mitológicos de Goltzius, dos de Rubens y un conjunto de Van Dyck, en los que aparecen amigos y personajes representativos de la sociedad de su época.

En la tercera de las salas, los bodegones son los protagonistas. Aquí destacan tres de Verbruggen, "que unen, aunque no solía ser corriente, las flores y las frutas".

Gerstenmaier, que animó a todos los visitantes a coleccionar, señaló que una de las importancias de la "pintura flamenca es que no necesita explicación, sólo se necesita verla". En cuanto a sus próximas adquisiciones, señaló que "la obra que eliges tiene que tener sitio dentro de la colección y hacer que se mantenga el nivel".