"Me voy sin tristeza, con una alegría enorme y con el privilegio de poder decir gracias a toda la gente que conmigo ha practicado la tolerancia". El cantautor Lluis Llach, que mañana se despide de Zaragoza en la Mozart, expresaba, ayer en Madrid, de ese modo, cómo se sentía en su gira de despedida después de 40 años cantando.

Para Llach, hacer esta gira, le parece la manera "más elegante" de decir adiós, que es "acabar antes de que las cosas no tengan la brillantez que quizá aún puedan tener" y prosigue: "No quiero abaratar mi trabajo, ni enfadarme con él".

El público zaragozano podrá ver un espectáculo en el que combina cinco temas nuevos con sus canciones preferidas, aquellas que "hablan de mi geografía particular" y con las que hace "un viaje por las cosas más esenciales de 40 años de trabajo", como El día, un tema que nunca llegó a grabar, Tendresa, Maremar o Núvol blanc.

Acompañado de seis músicos, Lluis Llach lleva a cabo este espectáculo en el que, entre canción y canción, él hace comentarios de "viejecita impertinente. Soy de una época en la que decir una animalada que cabrease al poder era más importante que cantar".