Lluis Llach regresa a la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza para ofrecer el que ha anunciado como su último concierto en la capital aragonesa. Llach ha decidido que esta es su gira de despedida, de ahí que titule su espectáculo i., y que dejará los escenarios en la primavera del 2007, coincidiendo con sus 40 años de carrera.

El cantante catalán asegura que aborda estos conciertos "sin tristeza, con una alegría enorme y "con el privilegio de poder decir gracias a toda la gente que conmigo ha practicado la tolerancia". De ahí que hacer esta gira le parece la manera "más elegante" de decir adiós, ya que es "acabar antes de que las cosas no tengan la brillantez que quizá aún puedan tener" y antes de que "por edad, por aburguesamiento o por lo que sea", deje de estar cómodo con su profesión."No quiero abaratar mi trabajo, ni enfadarme con él", decía el jueves en Madrid".

Dice que en 40 años de carrera ha procurado que "estuviera presente el verbo aprender, porque en música siempre hay un horizonte inmenso de ignorancia" y que en ella siempre ha evitado repetirse e intentado "abarcar los 360 grados".

Por eso, hoy en el Auditorio (21.00 horas), sus seguidores quizá echen de menos algunas de esas canciones que se convirtieron en himnos de libertad y que hicieron que mucha gente también fuera de Cataluña aprendiese a amar la lengua catalana. A ellos ofrece un espectáculo en el que combina cinco temas nuevos con sus canciones preferidas, aquellas que "hablan de mi geografía particular" y con las que hace "un viaje por las cosas más esenciales de 40 años de trabajo", como El día, un tema que nunca llegó a grabar, Tendresa, Maremar o Núvol blanc.

Acompañado de una formación de seis músicos que le permite pasar "del clasicismo más meloso hasta el rock", Llach lleva a cabo este montaje en el que, entre canción y canción, él introduce sus comentarios de "viejecita impertinente".

Y es que Llach, acostumbrado a denunciar los abusos políticos sobre el escenario, explicó que en estos momentos le pone "los pelos de punta la falta de altura política de la derecha, que ha fagotizado los valores más democráticos, que minimiza la conducta política a la confrontación.". Y también la existencia de "cretinos políticos, como Bush, Berlusconi o Aznar. Nadie hubiera previsto que gente de esta calaña llegara al poder".

Sobre su futuro, Lluis Llach adelanta que "será un viejo jovencito, con ganas de descubrir otras maneras de vivir" y de acercarse "con tranquilidad, con interés humano" a la muerte y de prepararse para la vejez. "Ser viejo es un oficio muy difícil para el que no hay escuelas, para el que no te preparan", apunta este cantautor de 58 años.