Sigue creyendo en la magia. Es "lo único que puede salvar a la raza humana del terrible destino y la terrible tragedia de la existencia". Lo dice el mago del humor. Un cineasta que confiesa que se refugia en su trabajo para escapar de la realidad. Un hombre al que le aterra envejecer y que, de vez en cuando, pide humildemente que se le hable un poco más alto. Es Woody Allen a los 71 años.

Con humor, con tono reflexivo y con un amago de sonrisa, el cineasta charla mañana para el suplemento Dominical sobre la magia, la vida y su regreso a la comedia de enredo. Precisamente, en Scoop, su segundo filme con Scarlett Johansson y también el segundo de su exilio económico-cinematográfico en Inglaterra, se ha reservado el papel de Splendini, un hombre que se mueve como pez en el agua entre cajas trucadas de doble fondo y barajas de cartas.

La magia, dice en la entrevista, "es una debilidad personal". Por eso, "prácticamente en todas mis historias hay algún tipo de referencia mágica". Como buen mago, Allen es todo un escapista de la realidad. Es lo que busca al trabajar con tanta intensidad. "Te pierdes durante un año en un mundo imaginario y así no tienes que estar en el mundo real, que es un lugar muy desagradable", explica.

Los años no le hacen perder su energía vital pero el director de cine también confiesa a Dominical que le aterra envejecer: "Me acerca a la muerte, que me asusta". Quizá, por eso, añade, se ríe tanto de ella.