El realizador serbio Goran Paskaljevic se lleva, por segunda vez, la Espiga de Oro del festival de cine de Valladolid. La ganó en 1995 con La otra América, un drama sobre la esperanza de escapar de la pobreza y la perentoria necesidad de huir de una guerra. Y lo ha vuelto a conseguir en la 51 ª edición con Optimistas, película que él define como "sincera y no calculada".

Si en su anterior trabajo, Sueño de una noche de invierno (2004), una niña autista era la metáfora de Serbia, Optimistas es un retrato irónico, en clave de humor negro, sobre cómo los corruptos nacidos a la sombra del poder de Slodoban Milosevic (juzgado como criminal de guerra) siguen engañando a la población con un arma indestructible: optimismo en medio de la desolación.

TRILOGÍA POLÍTICA

El nuevo filme del realizador nacido en Belgrado hace 59 años y que acumula premios en los más prestigiosos festivales de cine --entre ellos San Sebastián, Toronto y Venecia-- cierra una trilogía sobre su país que ha desarrollado en paralelo a su evolución política. La primera fue El polvorín, premio de la crítica en Venecia en 1998, una mirada a la dictadura de Milosevic. "Casi me echaron de mi país y me llamaron traidor", explica Paskaljevic.

Las consecuencias de aquel régimen quedaron reflejadas en Sueño de una noche de invierno, y las posteriores esperanzas frustradas se encuentran en Optimistas, cuyo estreno está previsto para el 3 de noviembre.

El filme hilvana cinco historias en las que se mezclan tragedia y comedia, protagonizadas por el mismo actor, Lazar Ristovski, presente también en los dos largometrajes citados de Paskaljevic. Todas las piezas están inspiradas en el lema del Cándido de Voltaire: "Es la manía de sostener, cuando todo va mal, que todo va bien".

En la primera, un psiquiatra trata, mediante la hipnosis, de hacer felices a los habitantes de un pueblo, que han perdido todo por las inundaciones. En la segunda, un hombre debe enfrentarse al nuevo rico que acaba de comprar la fábrica en la que trabaja y que ha violado a su hija. Un joven que se gasta el dinero del funeral de su padre en máquinas tragaperras es el protagonista del tercer relato, mientras que el cuarto versa sobre un niño que asiste a la matanza de un cerdo.

El último trata del engaño a que son sometidos unos enfermos terminales por un charlatán. "Lo que une estas historias es que todos son optimistas", explica Paskaljevic, que menciona la euforia que une a las fuerzas de la oposición de su país que piensan que van a ganar las elecciones de diciembre. Pero se trata de un "falso optimismo" creado por quienes sacan beneficio.

A través de los "estados del alma" de los personajes, Paskaljevic, que ahora está inmerso en la preparación de una retrospectiva que le dedicará el MOMA de Nueva York, denuncia el carácter cada vez más "manipulable" de sus compatriotas.

Por otro lado, en el día que se cerró la Seminci, su director, el hispano-argentino Juan Carlos Frugone, reconoció que "no ha sido una edición particularmente brillante". Frugone circunscribió este juicio al territorio de la ficción, no así al del documental, que en su opinión ha sido "excepcionalmente brillante", aseguró a los periodistas después de la lectura del palmarés a cargo de la actriz Mar Saura en nombre del jurado internacional del certamen.