Tipos listos estos pioneros del rap seminal, capaces de dar sopas con onda a epígonos y discípulos y de armar un concierto con media docena escasa de canciones. Es lo que tiene llamarse The Sugarhill Gang y haber facturado un éxito como Rapper´s Delight en la prehistoria del hip hop, a finales de los años 70. Vieja escuela rapera, cargada de soul y funk, muchas tablas y un aroma de espectáculo de Las Vegas. Así, The Sugarhill Gang montó la fiesta el viernes en Periferias.

The Sugarhill Gang (primera y única visita a España) repasó piezas antiguas, ofertó una composición nueva (un simpático rap-salsa funcional para una serie televisiva), invitó a algunos espectadores a ofrecer sus propias versiones de Rapper´s Delight, e hizo lo propio con unos no menos espontáneos (y solventes, breakdancers). Genio y figura.

No fue la de Sugarhill Gang la única propuesta hip hop del viernes en Periferias, velada que congregó en el Palacio Municipal a 700 espectadores: Dos Hermanos y Tote King también hicieron su aportación. Los primeros no acaban de pillarle el punto al directo. Su rap, trufado de reggaetón, no rompió.

Más contundente y comunicativo resultó lo del sevillano Tote King, tipo de flow punzante en solitario. Tote que ofrece textos notables y unas bases contundentemente duras, despertó mediado su concierto y lo alargó sin necesidad. Cal y arena.

Tamar-Kali tuvo una actuación brillante. Esta señorita de Brooklyn, heredera de Fishbone y Living Colours, pasa por se uno de los puntales de lo que James Spooner ha bautizado como afropunk. Pues bien: la etiqueta se le queda corta a Tamar: punk, guitarrazos de la escuela heavy más punzante, delirios psicodélicos y otras especias rockeras conviven en su oferta musical, coronada por su inconmensurable y negra voz. Hizo un concierto ajustado y vigoroso, y nos cautivó. Grandiosa.

Mucho antes, al comienzo de la noche, los franceses de Minimal Orquestra predicaron en el desierto con su macedonia de jazz-rock, drum & bass y electrónica de penúltima generación. Y de cerrar el largo programa se encargó Digital Mystikz, maestros de un dubstep cuyo clasicismo habría firmado cualquier estrella del dub a secas.