A caballo entre París y Barcelona, el escultor aragonés Pablo Gargallo (1881-1934) trabajó el metal con la ligereza del papel. La Fundación Caixa Catalunya le dedica en su sede de la Pedrera una exposición con 195 obras, consideradas esenciales, en las que se observa su tránsito entre el noucentisme y la vanguardia. Itinerarios por Barcelona, talleres para niños y un pequeño apartado para invidentes, integran un amplio programa dedicado al escultor. La exposición, que se podrá ver en Barcelona hasta el 28 de enero, viajará después a la Lonja de Zaragoza.

€lex Susanna, director de la fundación, afirmó ayer que la exposición trata de "resituar la obra de Gargallo en un contexto internacional ya que no ocupa el lugar que debería". Gargallo murió de bronconeumonía en 1934, a los 53 años, en el hotel Londres de Reus, ciudad donde presentaba una exposición que había tenido gran éxito en la Sala Parés. Instalado en París, empezaba a ser ya reconocido. Acababa de exponer en una galería de Nueva York y Francia le había incluido en exposiciones de arte francés en Japón y Estocolmo junto a los consagrados Maillol y Rodin. Su temprana muerte habría influido, según Susanna, en un menor grado de conocimiento de su obra que, por ejemplo, la de Julio González.

La exposición, ordenada cronológicamente, ha sido articulada por Rafael Ordóñe, jefe del servicio de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, propietario del museo Gargallo de la capital aragonesa, y ha contado con la colaboración de Pierrette Gargallo, hija del autor, protagonista de un documental de Daniel Giralt-Miracle. "Entre 1904 y 1934, Gargallo desarrolló una gran aventura de liberación física y material de la escultura figurativa. A pesar de sus investigaciones, nunca dejó de ser figurativo pues su gran interés es la figura humana", señaló Ordóñez que explicó que pese a la innovación y modernidad de su obra, Gargallo nunca "deja de ser figurativo porque su gran interés es la figura humana" y siempre respetó los orígenes de la escultura.

Además, el comisario resaltó el periodo que va desde su regreso de París, en 1904, y su muerte, en 1934, ya que, en ella, el autor desarrolla "una gran aventura de liberación física e imaginativa" de la escultura figurativa.

El recorrido comienza con una serie de magníficos dibujos de estilo clasicista y prosigue con la llamada época del cobre, cuando Gargallo empezó a realizar retratos con chapa metálica a la que le da forma convexa, y luego con la potente época del hierro. Las obras maestras de esta etapa con Gran bailarina (1929), Gran arlequín (1931) y Gran profeta (1933) sin olvidar sus retratos de Greta Garbo, equivalentes a los que hizo Warhol con Marilyn Monroe.

El centenar de piezas de las que se compone la exposición Gargallo proceden de una veintena de museos, entre los que destacan el Centro Georges Pompidou, el MOMA, el MNAC, el Museo de Arte Moderno de Ceret, el Museo Pablo Gargallo de Zaragona y diversas colecciones particulares.