TÍTULO: María Jesús Millán. Acuarelas.

LUGAR: Centro Cultural Universidad (calle Violante de Hungría, 4. Antiguo Cuartel de Palafox)

FECHAS Hasta el 30 de diciembre.

HORARIO De lunes a viernes, de 9 a 21 horas. Sábados y domingos de 10 a 13.30 y de 17 a 20.30

Hay un momento en el que los cacharros de la cocina se quedan recogidos, ordenados y en paz. María Jesús Millán los escucha entonces para reflejar el tono que tienen mientras duermen, cómo guardan en sueños las magulladuras y las marcas del fuego, olvidados de caer en vertical. También observa esta pintora cómo son las habitaciones en las horas muertas de la casa. Y anota la monotonía callada en esas baldosas sucesivas que llevan a la cocina. Refleja ese estar simple que tienen las cosas cuando están liberadas de sus funciones y descansan simplemente en sus formas, perfiles y brillos.

Millán ha pintado con la paciencia del botánico las horas muertas de los pueblos, ese silencio tenso en el que un golpe de picaporte podría poner en guardia a veinte perros. Y ha observado plazas urbanas sorprendidas sin gente, y lo callada que está siempre la montaña con el crecer alegre y lento de las plantas. Pinta una escuela a la intemperie como aparecida en medio de los montes, con algunos pupitres rotos, pero aún alineados.

La pintora presta a las cosas un gran cuidado, respeta su resistencia a mostrarse sin más. Se aproxima a los lugares cercanos. Observa mucho el detalle pero nada queda desvelado del todo. Sus pinceles transmiten muy bien la dignidad que reviste a los objetos, las estancias, las calles y los paisajes cuando se les contempla con calma y con respeto. El ser humano (la huella, la mirada) se adivina detrás de todo lo que existe (el sentimiento de pérdida en unas flores secas, el alineamiento pacífico de los cacharros, el cepillo solitario sobre el aparador del lavabo, por ejemplo) pero esa huella es silenciosa, como la que dejan los animales en el bosque, presentidos y quietos.