"No hay maestros en la frenética sociedad actual, que olvida que los verdaderos héroes son anónimos e invisibles", defiende una leyenda de la interpretación como Dustin Hoffman, quien encarna al maestro Shifu, mentor del protagonista de Kung Fu Panda, la última gran apuesta de animación de Dreamworks, que ayer se presentó en Madrid.

La experiencia de Hoffman se convierte así en uno de los principales reclamos de esta historia de superación personal, de líderes espirituales y fieles discípulos, que en su versión original cuenta con las voces de Angelina Jolie y Jack Black --cuyo personaje dobla al castellano Florentino Fernández--, y que llegará a España el próximo 11 de julio, tras su abrumadora presentación oficial en el pasado Festival de Cannes.

"Antes los actores teníamos un oficio, procedíamos del teatro; ahora se tiene una formación distinta, la de la televisión. Ya no existen profesores como lo era Lee Strasberg --fundador del Actor´s Studio en el que Hoffman se crió artísticamente-- ni actores que puedan hacer el repertorio de Shakespeare", defiende el intérprete.

De igual forma, Hoffman lamentó el camino que ha tomado el cine de los grandes estudios: "Las películas más interesantes que se hacen en la actualidad son las que Hollywood califica de independientes, esto es las que se hacen en Nueva York y en Europa, que tienen como prioridad la calidad y no las cifras", aunque matizó que no quería criticar exclusivamente a la industria del cine estadounidense sino que "se trata más bien de una pandemia cultural".

Aunque el actor defendió siempre que no trabajaría en películas de acción, con Kung Fu Panda ha hecho una excepción. "Creí que sería interesante porque la película defiende la idea de que aquel ideal de persona o superhéroe que querríamos ser existe ya en nosotros mismos". Para Hoffman, "los auténticos héroes son anónimos, personas que forman parte de nosotros y que tienen la habilidad de extender su vida más allá de ellos mismos, hasta incluir en ella a los demás".

Sin embargo, al actor no le gustó esta primera experiencia en el mundo del doblaje, y no cree que la vuelva a repetir. "Es un trabajo muy concienzudo y solitario, donde no existe interactuación con otros actores. Nadie me advirtió de que iba a estar solo delante de un micrófono con el director y el editor de sonido detrás de un cristal. Es como hacer una entrevista con alguien que no está presente", confesó.