--En sus obras aparece el humor como un tratamiento lógico del absurdo. Partir de una situación que puede ser disparatada y desarrollarla con el rigor de una ecuación matemática

--Si, si. Reconozco la influencia muy clara de Jardiel, de Mihura, en el sentido de crear una situación absurda pero tomada como si fuera posible. Y, a partir de ahí, empezar a desarrollar las posibilidades que tiene ese arranque, pero sin perder la lógica. No el absurdo por el absurdo, sino mantenerse dentro de esa lógica.

--Es decir, no se trata de delirar, sino de ir tirando del lector.

--Yo creo que en el fondo es proponerle un juego, ¿no? Un juego en el que las reglas de la lógica se mantengan. Y una vez que acepta el juego, ya sabe cómo se juega. Hace falta que acepte el planteamiento inicial.

--Y luego, la sorpresa al acecho.

--A mi, en los últimos años me interesan mucho los personajes. Las sorpresas, lo pintoresco de mis novelas es la aparición de algunos personajes no solamente míos; cuando escribo con otros compañeros aparecen personajes inesperados casi siempre muy divertidos.

--La norma, quizá, es escribir lo que le hubiera gustado leer.

--Posiblemente, sí. En muchos casos me planteo este tipo de obra divertida y con un componente de intriga grande que quizá no conseguí leer o encontrar cuando era lector adolescente, voy a hacerla ahora para esos lectores que son los míos.

--Se nota la lucha entre ser sencillo y ser complejo. Dos cosas que quizá no estén reñidas.

--Una de las cosas que más me preocupan técnicamente es hacer novelas que no sean bobas. A veces las novelas que se escriben para adolescentes a mí me parecen como cuentos infantiles largos. Creo que ese no es el caso, sino que al adolescente hay que pillarlo con cosas complejas, que ellos noten que están escritos como para mayores. Pero no son lectores plenamente formados. Hay que tratar de que sean asequibles.

--¿Hay que tener buen oído para construir los diálogos?

--Reconozco que siempre he tenido facilidad para los diálogos, para que suenen bien; que leídos en voz alta no parezcan artificiosos. Creo que esto procede de mi afición siempre por el teatro. Leo en voz alta lo que escribo para pasar esa prueba del habla. De joven pasé años leyendo solo teatro. He dialogado siempre con facilidad. También pertenezco a una generación que se ha criado con el cine y por eso necesito ver imágenes que luego trato de contar a los lectores.

--Imaginar es desplegar imágenes en la cabeza.

--El cine era el referente. Y no solo por las imágenes, sino también el ritmo cinematográfico que trato de dar a mis noveles. Podría haber empleado el teatral, que usa gente mayor que yo. O el ritmo desaforado de telefilme o de videojuego que tiene metido ahora en la cabeza la gente.

--En Los hijos del trueno hay una reflexión sobre el fracaso escolar.

--No me distingo por hacer una literatura muy comprometida socialmente. Pero cuando surgió esta historia con Almárcegui vi en seguida su carga crítica.

--También está el perdedor mágico, Crispín, de ´La profecía´. Se nota esa simpatía hacia el personaje al que no le salen bien las cosas.

--Es verdad que la figura del antihéroe para mí es muy seductora; entra en la tradición del clown, del que cae simpático. Cuando he hecho series, me salen un poco así, antiheróicos. Tanto Fermín Escartín, el detective de las últimas novelas o Ernesto, de otra serie, con Marijuli, son así. La gente se identifica más con ellos que con el héroe.

--Y eso lo dice un ganador. Usted ha ganado premios desde el principio de su carrera de escritor.

--A mí me apuran mucho los premios. He tenido mucha más suerte de lo que esperaba o incluso de la que merecía. Estos actos en los que todo el mundo te felicita me apuran mucho.

--¿De qué se reía toda aquella mesa presidida por la Princesa Letizia?

--Tuve que hablar ante un público muy variopinto, desde niños de 6 años hasta la gente mayor como Montserrat del Amo, con 84 años. Quise hacer una cosa divertida en la que no se aburrieran ni los niños ni los adultos. Empecé a elaborar una especie de monólogo como los que hacen en televisión usando muchos juegos de palabras y con los términos escolares que han cambiado con los años. Y me metí en un jardín curioso.