EL MUÑECO DE NIEVE

AUTOR Jo Nesbo

EDITORIAL RBA

El adorno del primer muñeco de nieve fue la bufanda de una de sus víctimas, una mujer desaparecida. Habrán más muñecos de nieve y serán cada vez más macabros. Lejos quedará la inocencia de la fría figura, el muñeco entrañable asociado a los juegos de nuestra infancia. Se irán engalanando, pero lo harán añadiendo partes no textiles de sus víctimas. Sí, es lo que se imaginan. Y se debe ser un escritor de gran habilidad, carácter y estilo para transformar lo que era tierno y amable en terrorífico.

El muñeco de nieve, de Jo Nesbo (Oslo, 1959), actúa en un lapso de tiempo de 25 años, avanzando y retrocediendo el relato mientras desgrana un racimo de crímenes en el entorno de su ciudad natal. Este será el séptimo volumen (de diez libros escritos, se han traducido cinco) de la saga protagonizada por el detective Harry Hole, arquetipo del investigador escandinavo: el alcoholismo, los escollos para entender a la gente, la nieve, la calma, la rutina rasgada, las pesadillas. En el caso de Nesbo, y en concreto en esta serie, está su interés por la niñez y la fascinación por los bosques: es el refugio de la maldad, el espacio donde uno se siente vulnerable, donde habitan los depredadores; para nuestro héroe la oscuridad tiene nombre ("los otros") y tiene sabor a noche.

Retomando esta idea, el actual thriller nórdico se ha transmutado en brillante negrura, como la obsidiana o la turmalina: piedras pulidas, opacas, carismáticas, que solo irradian reflejos ante un haz intenso de luz, la resplandeciente acción del lector. Tal es el interior del detective Hary Hole, un hoyo donde brevemente acude la claridad. Y al mismo tiempo estos crímenes de la primera nieve son brillantes, una elegante construcción del misterio.

El autor trabaja entre magnas descripciones y extensos monólogos, un minucioso detallismo, la violencia cautivadora de un thriller hipnótico, magnífico y de breves diálogos: se lee deprisa, mucho, y gana y mejora los libros previos. Era difícil.