A riesgo de caer en el olvido, es obligado recordar la exposición que dio origen al Estudio-Taller Libre de Grabado Artístico vinculado al «Grupo Zaragoza», coincidente con la proyección del movimiento de Estampa Popular por todo el país. Me refiero a la primera individual de Maite Ubide en el Centro Mercantil de Zaragoza, en enero de 1965. 

Hacía apenas unos meses que la artista se había instalado en su ciudad natal tras muchos años de residencia en Venezuela donde realizó sus primeros estudios y continuó su formación en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas. Para su exposición en el Mercantil, Maite Ubide seleccionó algunos de los grabados y litografías que había realizado durante su estancia en la RYKS Academia Voor Beeldende Kunsten de Ámsterdam (1963) y en la Escuela Gráfica de Belgrado (1964), donde experimentó diferentes técnicas de estampación y estuvo muy atenta a los sistemas educativos más evolucionados.  

No faltó a la cita en el Mercantil Julia Dorado que quizás animó a Ricardo Santamaría y al resto de artistas del «Grupo Zaragoza», al que pertenecía, a conocer a Maite Ubide y compartir su pasión por el grabado. No es difícil imaginar el interés que suscitó en sus nuevos amigos las experiencias que la recién llegada había vivido: la breve formación en el estudio de Alejandro Cañada durante su estancia de apenas un año Zaragoza (1957); las clases en la Escuela de Artes Plásticas en Caracas (1958); los estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona (1959-1960), que continuó en la Escuela Cristóbal Rojas de Caracas; y sus estancias en Ámsterdam y Belgrado. Pero, sin duda, lo que más pudo sorprenderles fue la experiencia del «Círculo Pez Dorado. Centro de Jóvenes Artistas Plásticos» de Caracas, que Maite Ubide había fundado junto a Carlos Gil y Mariguay González en 1960, con el propósito de crear un lugar dirigido al alumnado de artes plásticas que, además de taller y galería, disponía de librería y cafetería abierta al público. El intenso programa de exposiciones, conferencias, recitales, representaciones de teatro y proyección de películas que ocupó la actividad del grupo de jóvenes artistas de la vanguardia caraqueña encajaba bien con el proyecto del «Grupo Zaragoza», lo que facilitó que la iniciativa de Maite Ubide de crear un taller de grabado, que sería el primero en la ciudad, contase con el apoyo indiscutible de Ricardo Santamaría quien cedió su estudio de la Avenida de Goya número 50 para convertirlo en taller de grabado bajo la dirección de Ubide. 

A fines de 1965, la prensa informó de la creación del «Estudio-Taller Libre de Grabado Artístico», cuya presentación pública tuvo lugar en el Centro Mercantil entre el 1 y el 10 de mayo de 1966. La muestra reunió obras de Julia Dorado, Carlos Gil, Pilar Moré, Ricardo Santamaría, José María Sainz y Maite Ubide. En el texto del folleto, cuya redacción se atribuye a Santamaría, no pasa inadvertida la experiencia docente de Maite Ubide. «El taller funciona sin maestros ni discípulos. Todo el que pasa por allí, enseña o aprende algo en un ambiente propicio para el libre juego de la creatividad y nadie se siente obligado a seguir determinado sistema o método (academicista o positivo) que comprime y limita». En cuanto al origen: «Este Estudio-Taller nació merced a la voluntad de unos, a la aportación de algunos amigos protectores y a la necesidad que el artista de hoy siente de estudiar las posibilidades de su expresión aumentando los medios de comunicación con el público». Un estudio-taller libre, abierto a todas las inquietudes y experiencias, cuya continuidad correspondería a «todos cuantos sienten necesidad de labor constructiva y su pervivencia puede repercutir en la evolución de la vida cultural de Zaragoza». De entre los 32 linograbados en exposición, los realizados por Maite Ubide concitaron los mayores elogios; no en vano era la maestra. Pese al éxito de la iniciativa, cabe señalar que la mayoría de los integrantes del «Grupo Zaragoza» no se involucraron en el proyecto del que formaron parte, además de los artistas señalados, Juan José Vera, Mariano Anós, José Aznar, Carmen Vives y Vicente García, tal como ha investigado José Ignacio Bernués en su estudio de la trayectoria de Santamaría, cuyo archivo también informa de las técnicas que se experimentaron: linograbado, aguafuerte, litograbado-aguatinta, punta seca, xilografía, serigrafía y monotipos, y del funcionamiento interno del Taller: autogestionado y autofinanciado por quienes participaron.  

Todo acabó cuando Santamaría salió de Zaragoza con destino a París, en 1967. Maite Ubide ofreció el taller a la Escuela de Artes y ante la negativa de sus responsables lo instaló en un local de la calle Princesa número 19. Julia Dorado siempre a su lado, aun en la distancia, quedó contagiada para siempre de su pasión por la estampación de tan fértiles resultados en su obra, y decidió perfeccionar las técnicas en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona (1966-1968). En octubre de 1968 ambas artistas expusieron en la cafetería de los almacenes SEPU. «Ya que el público no acude a las exposiciones hay que ir a buscarlo allí donde se encuentre». Así estaban las cosas. 

En 1970 Maite Ubide viajó a Venezuela; regresaría a Zaragoza en 1974. Insistente, propuso montar un taller de grabado a la Caja de la Inmaculada y a la Diputación de Zaragoza. Sin resultados. Y como no estaba dispuesta a rendirse fundó su propio taller, donde a lo largo de décadas ha transmitido sus hallazgos y búsquedas a generaciones de jóvenes artistas, que han sido testigos y cómplices de su continuo deseo de conocer y experimentar con las diferentes técnicas. Primero con aguafuerte y aguatinta, después con la xilografía, la litografía y el linograbado. Dice Belén Bueno, que ha seguido la investigación sobre la trayectoria de la artista iniciada por Cristina Gil Imaz, a quien desde estas líneas recordamos, que Maite Ubide disfruta especialmente con el linóleo; quizás por tratarse de un procedimiento que le permite transitar en los claroscuros de una profunda abstracción, allí donde encuentran cobijo las formas reconocibles de una naturaleza primigenia y germinal que, junto con la frágil posición del ser humano en el mundo, son los temas que dan testimonio de su compromiso. El artista, defiende Maite Ubide, debe vivir los problemas sociales, tratar de evadirse es antinatural. Con motivo de su exposición en la sala Gambrinus de Zaragoza, en 1972, escribió: «El artista en la actualidad vive acosado por múltiples problemas sociales y económicos; debe preocuparse por conseguir la subsistencia por medios muchas veces no de acuerdo con su trabajo y es escaso el que puede dedicarse a su obra plenamente; esto hace que los resultados de ella sean variables, inestables, de búsqueda constante ya que a cada momento son reencuentros con materiales. También el exceso de velocidad, las rápidas comunicaciones, los nuevos hallazgos constantes, en los campos científicos, obligan al artista a sentirse inestable y lo colocan ante una obligada renovación».