Zaragoza siempre se ha caracterizado por tener una gran cantera de actores y actrices amateur. La capital aragonesa es el hogar de un buen número de compañías de teatro aficionado, si bien en los últimos años la tendencia ha sido descendente y la cifra de agrupaciones se ha ido reduciendo. La influencia de estas en la escena autonómica también ha caído.

La crisis sanitaria ha agravado aún más esta herida al condicionar los ensayos, y ha provocado la paralización o el fin de algunos proyectos. El Teatro Arbolé ha decidido poner su granito de arena y ayudar a estas compañías con la I Muestra de Teatro Amateur, que comienza hoy en su escenario del parque del Agua para impulsar al teatro aficionado en uno de sus momentos más complicados.

Diversos motivos dificultan el crecimiento de los grupos que desean obtener un espacio en el que desarrollar su arte. «En ocasiones te piden un alquiler muy elevado, por lo que no sale rentable; y otras veces los lugares tienen obras cerradas», comenta María Palomino, actriz en la compañía Aqué Teatro. Marina León, de Diversas Teatro, comparte la misma opinión, aunque cree que «hay más facilidades para actuar en los centros cívicos de los barrios». Estos problemas económicos puntuales afectan a la gestión de las compañías, pero no a la vida de los actores y actrices: «Cada uno tenemos nuestro trabajo; después, en nuestro tiempo libre, practicamos teatro», explica Jesús Aulzet, de Kairós Teatro.

Ante las complicaciones para sobrevivir, las compañías de teatro amateur buscan diferentes fórmulas para mantenerse a flote. Unirse a alguna asociación de un barrio, colaborar con centros educativos o nacer en el seno de una empresa son algunas de las soluciones utilizadas.

El movimiento de la mayoría de las compañías de teatro por Aragón suele ser lejos de las grandes capitales. Estas agrupaciones representan sus funciones, casi siempre, en municipios pequeños y en los eventos y fiestas de los pueblos. «En los festivales y certámenes, salvo en alguna excepción, se cuenta muy poco con los grupos aficionados aragoneses», lamenta Jesús Alzuet, de la compañía Kairós. «Está un poco denostado ser amateur», comenta León, que cree que los contratantes prefieren grupos profesionales, en muchas ocasiones subvencionados. María Palomino lo tiene claro: «Las compañías aficionadas pretendemos hacernos un hueco en un mar, y solo llevamos una barquita».

El confinamiento separó durante meses a las compañías de teatro. La creatividad se impuso y, desde el inicio, todos los actores buscaron nuevas soluciones para mantener el texto vivo. Las videollamadas se convirtieron en aliados puntuales del arte dramático.

Palomino cuenta que en Aqué Teatro comenzaron pronto con los ensayos: «Era muy lioso, porque no sabías hacia dónde mirar. Algunas veces las llamadas daban fallos y era un caos». «Nosotros utilizamos este recurso para repasar el texto y seguir viendo a los compañeros», recuerda Jesús Alzuet, que admite que en la compañía Kairós las videollamadas no fueron muy exitosas.

Un regreso gradual

La vuelta a los ensayos presenciales fue gradual, como en todos los sectores durante la pandemia. Marina León se alegró del final del confinamiento como pocos: «Como en nuestra obra solo aparecen dos personajes, pudimos quedar con el director desde el primer día». Algo que no sucedió en el caso de Aqué o Kairós, que tuvieron que adaptar sus espacios y esperar a que las restricciones permitieran reuniones de más gente.

«Si tenemos que hacer ensayos generales, no podemos actuar en nuestro lugar habitual», confiesa Alzuet, mientras que Palomino celebra que su obra se realice en torno a una mesa, para cumplir «con la distancia de seguridad recomendada».

La mascarilla se convirtió en parte del vestuario. «He leído que hay gente que ahora sonríe con los ojos, pero en el teatro eso no es posible», cuenta Palomino, que apunta también que la interpretación necesita de gestos y contacto. Jesús Alzuet señala que este nuevo teatro obliga «a alzar mucho más la voz, para escucharnos mejor, por la mascarilla», aunque cree que han sabido «adaptarse de la mejor manera a la situación». 

Aunque los bolos, las giras y los certámenes vuelven de manera gradual, el público sigue con ganas de ir al teatro y «no se ha dejado de ir desde que la situación lo permite», afirma León. La actriz también apunta que, igual que los espectadores apuestan por esta forma de entretenimiento, las compañías «tenemos muchas ganas de hacer teatro».

Los grupos aficionados vuelven a las tablas y con ellas las sonrisas y los aplausos. «El teatro es humanidad», sentencia Palomino. 

Arbolé inicia este viernes la I Muestra de Teatro Amateur

El Teatro Arbolé de Zaragoza, en su compromiso con las compañías teatrales aragonesas, da otro paso más y programa este año la Primera Muestra de Teatro Amateur. Este ciclo se celebrará del 18 de junio al 23 de julio con la participación de seis compañías aragonesas, que pondrán en escena obras para el público juvenil y adulto. El certamen arranca este 18 de junio a las 20.00 horas con la obra: ‘¡Ay, Carmela!’ (Diversas Teatro), una comedia dramática ambientada en la Guerra Civil Española.

Así, los viernes en Arbolé serán durante el próximo mes y medio de las compañías de teatro aficionado. El 26 y 27 de junio subirá a las tablas la Escuela del Teatro Arbolé. El 2 de julio la compañía Aqué Teatro representará Siete años y el 8 de julio Kairós Teatro subirá al escenario con La venganza de la Petra. El lago de las niñas malas, de Lateja Teatro, será la función representada el 16 de julio. La I Muestra de Teatro amateur del Arbolé cerrará su programación con la obra Enemigas, de la compañía Cogido con Imperdibles.