Entre el jazz y la más absoluta libertad creadora. Por esos vastos mundos se mueve desde hace años la pianista oscense Clara Lai. Y así espera seguir mucho tiempo, «explorando los puentes que unen la improvisación y la composición». Con un concepto de la música totalmente libre, la aragonesa está logrando poco a poco hacerse un hueco en la escena del jazz, sobre todo en Cataluña, donde reside desde hace siete años.

«Vivir de la música es complicado y más con este tipo de propuestas donde el público es más minoritario, pero para mí lo más importante es desarrollar la música que me nace», explica Clara Lai. Eso es lo que lleva haciendo durante años. Tanto sola como con otros músicos que se ha ido encontrando por el camino. Como Joan Moll, batería barcelonés con el que publicó el pasado mes de abril el disco Permanente impermanencia. «Soy muy inquieta en ese sentido y siempre me estoy embarcando en diferentes proyectos», reconoce.

Todos tienen un denominador común: la búsqueda de nuevos paisajes sonoros. «Muchos de los temas que compongo tienen estructuras definidas pero siempre dejo espacio para dejarse llevar, lo que hace que cada actuación sea diferente y, al menos para mí, más divertida», apunta.

La pianista comenzó su formación en Huesca, donde residió hasta los 18 años. Posteriormente se trasladó a San Sebastián para realizar la carrera de piano clásico con especialización en repertorio contemporáneo, una época en la que comenzó a interesarse seriamente por la composición. «Luego estuve dos años viviendo en Lisboa, donde mi mente acabó de abrirse a nuevas sonoridades», señala. Interesada cada vez más por recorrer los caminos de la improvisación, la oscense se afincó en Barcelona y obtuvo el grado superior en piano jazz. Y ahí lleva ya siete años, atraída por la rica escena de la capital condal: «Empecé a conocer a otros músicos con gustos e inquietudes similares y ya me he quedado».

Eso mismo les ha ocurrido a otros muchos músicos aragoneses o formados en la comunidad, que han optado por desarrollar fuera su carrera. De hecho, la mayoría de los alumnos que estudian en el Conservatorio Superior de Música de Aragón acaban lejos de la comunidad. Lai no sabe cuál es la solución para retener ese talento, pero reconoce que es una lástima que esa inversión no retorne a la sociedad.

Son muchos los músicos y proyectos que han hecho que la oscense siga residiendo en Barcelona. El pasado agosto, por ejemplo, publicó su última referencia, un disco experimental (se trata de una improvisación en directo) junto a Laia Vallès (sintetizador modular) y Pep Mula (batería). Este trabajo, por cierto, lo presentaron en el festival Periferias de Huesca. Además, Lai está embarcada también en el proyecto Bec, junto a Mula y Àlex Reviriego (contrabajo), y en Slight Deform, con Ferran Fages.

De momento, su único álbum solo para piano lo publicó en 2016 bajo el título de Haikus, como los poemas japoneses. «En esa época los leía mucho y fue un intento de transmitir con la música las sensaciones tan bellas que me hacían sentir», explica Lai, que cita entre sus referencias a músicos como Ingrid Laubrock, Craig Taborn, Tom Rainey o Kris Davis. A corto plazo prevé lanzar otro disco en solitario, en el que seguirá investigando los recovecos entre la composición y la improvisación