HOMENAJE A LA PICARESCA

La picaresca del ciclista Luigi Malabrocca llega al Teatro del Mercado

Rafa Blanca protagoniza el monólogo dirigido por Alberto Castrillo-Ferrer desde el jueves

Alberto Castrillo-Ferrer y Rafa Blanca, en el Teatro Principal de Zaragoza.

Alberto Castrillo-Ferrer y Rafa Blanca, en el Teatro Principal de Zaragoza. / ANDREEA VORNICU

Daniel Monserrat Barrau

Daniel Monserrat Barrau

Bajo la pregunta ¿cómo es posible que el último clasificado tenga éxito? llega al Teatro del Mercado de Zaragoza este jueves el monólogo teatral de Rafa Blanca, Malabrocca, que dirigido por Alberto Castrillo-Ferrer, se centra en la vida del ciclista italiano Luigi Malabrocca que hizo de conseguir la maglia nera (último clasificado del Giro de Italia) una forma de vida. Así lo han explicado los propios Blanca y Castrillo-Ferrer, acompañados del gerente del Patronato de las Artes Escénicas y de la Imagen, José María Turmo.

La Segunda Guerra Mundial había provocado la suspensión de los sucesivos Giros de Italia y en 1946 volvía. Y ahí nacía el mito de Malabrocca que hacía todo lo humanamente posible para concluir último y acabar con una maglia nera que, económicamente, era el cuarto premio de la carrera. Ahora, Rafa Blanca, basado en la novela de Matteo Caccia, cuenta en escena esta historia a través de un monólogo en el que representa a 32 personajes. Una «comedia» que no escapa de todas las capas que el género siempre suele esconder: «Es, como definía Max Aub la comedia, una tragedia más el tiempo», asegura Rafa Blanca, que continúa: «Con el paso del tiempo todas esas historias que fueron para sobrevivir nos parecen cómicas pero fueron muy duras». Y es que Malabrocca es una fotografía de los años duros de mitad del siglo XX donde los mediterráneos sacaron lo mejor de sí mismos para inventar la picaresca: «Es una persona que se reinventa a sí mismo, busca sobrevivir a base de solucionar un problema como hacen los clowns», desgrana Rafa Blanca, que va más allá: «Es un verdadera historia de buscavidas y salvadores y de la forma más ingeniosa y absurda».

Por su parte, para Alberto Castrillo-Ferrer, este Malabrocca es la demostración de que «la comedia no está reñida con la emoción ni con momentos que te agarran las tripas. Este es el tipo de teatro que me gusta, el que me roba el alma. Le da al público cercanía, emoción y le va a permitir olvidarse de todo lo demás. Al teatro se va a poner el alma y eso es lo que ofrece un escenario como el Mercado». Para el reconocido director y actor zaragozano, un monólogo como este permite «que el público pueda imaginar sin límites, pueda viajar a Italia, vivir la magia, es el teatro de convertir el menos es más».

Malabrocca vivió una primera representación ante el público en el Festival Manhattan de Murillo de Gállego y una segunda en la Feria de Teatro de Huesca aunque el «verdadero estreno» es el de esta semana en Zaragoza: «El representarlo en vivo ante público nos ha permitido hacer algunos ajustes, es el mejor test que se puede tener», concluye Alberto Castrillo-Ferrer.

La producción se podrá ver en el Teatro del Mercado de jueves a domingo a las 20.00 horas (una hora antes el domingo) y las entradas, que se pueden comprar en las taquillas del Principal y en las del Mercado una hora antes de cada representación así como en Ibercaja, cuestan 20 euros.

Todo valía para lograr ganar la ‘maglia nera’

Cualquier cosa le valía a Luigi Malabrocca para conseguir quedar último de la clasificación. No era un ciclista malo, cuenta con algún triunfo en pruebas medianas (la París-Nantes en 1947 y la Coppa Agostoni el año que viene), pero pronto se dio cuenta de los beneficios de acabar último en el Giro de Italia. Algo que no siempre era sencillo ya que tenía que tener en cuenta el cierre de control. Así, Malabrocca, conocido como El Chino, simula caídas, problemas mecánicos, se esconde en llanuras para que nadie le vea quedarse rezagado e incluso se para en los bares a tomar cervezas o se mete e merendar con familias de un pueblo por el que pasaba la etapa. Todo para concluir en última posición. Ni en 1946 ni en 1947 tiene rival, acaba a 4 horas y nueve minutos y a 6 horas, respectivamente. La leyenda ya estaba en marcha aunque nunca más consiguió concluir último.

En la edición de 1948, no sin polémica no es invitado al Giro y, al año que viene, regresa entre vítores pero comete un error y llega fuera de tiempo en una etapa quedando eliminado. En ese momento, decide dedicarse al ciclocross. No volvería al Giro hasta 1952 pero, para entonces, aunque gozaba con el prestigio entre el gran público (no hay que olvidar que estamos en una época de miseria en la que el pueblo buscaba su propio héroe), ya se había eliminado el premio por la maglia nera y Malabrocca no puede ni acabar el Giro de Italia. Se había acabado su historia de amor con la carrera.