En el Salón del Libro de Zaragoza, al parecer abierto sin saber que la publicidad es la clave del éxito, tuve la suerte de encontrarme con José Ignacio López Susín, persona a la que hay que reconocer sus esfuerzos y los notables trabajos realizados para recuperar una parte importante de nuestra identidad: la lengua aragonesa.

Este es un tema que sigo desde hace cincuenta años, pues recuerdo mi mediación para publicar en ciclostil la primera gramática del aragonés de Francho Nagore en el “Circulo del Altoaragón”, en la plaza de Sas de Zaragoza, en mi condición de joven bibliotecario. Creo que es muy importante que avancemos en esta línea y por eso hay que felicitarse por esta pequeña publicación, que ustedes pueden y deben bajarse de la red, obra de la Dirección General de Política Lingüística, si no se la han regalado en el Salón del Libro como me pasó a mí. El caso es que además de ser una aportación de los textos en aragonés del trovador occitano Raimbaut de Vaqueiras (muerto en 1207), el manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de Francia ofrece la inmensa curiosidad de una imagen desconocida del rey de Aragón, a caballo, con los atributos de su condición de guerrero y señalado con las barras rojas y amarillas en gualdrapas, escudo y yelmo.

No importa saber de quién se trata, quizás de un monarca que pudo ser Pedro III pues lleva el águila negra de Sicilia, porque hay diferentes tesis en los magníficos trabajos que se presentan firmados por los profesores Esteban Sarasa, que habla del tiempo histórico, y Pedro Luis Hernando que se ocupa de la iconografía con la que se presenta el monarca.

No pueden dejar de leer los apuntes de Alejandro Pardos, el investigador que lo descubre, y al profesor Pérez Lasheras que ofrece una sugerente noticia sobre la poesía trovadoresca y la literatura aragonesa. Pero, sobre todo, no pueden dejar de leer este opúsculo porque aprenderán cosas de nuestros reyes de Aragón y de la gran cultura que poseía la corte aragonesa.