José Moñú acaba de regresar de Nueva York y todavía no ha podido asentarse en Zaragoza. El pintor aragonés participó, entre septiembre y diciembre, en una beca de la Fundación CAI que le llevó a la gran ciudad estadounidense, una de las mecas globales del arte.

«Es una de las pocas becas del país que tienen una proyección internacional tan marcada», explica Moñú entre las coloridas paredes de su estudio, situado en el barrio de Delicias de Zaragoza. Un bajo lleno de cuadros, bocetos y botes de pintura que es su hogar en la capital aragonesa: «Paso todo el tiempo que puedo aquí».

La beca en Estados Unidos, en laque también participan el Consulado General de España y la empresa Qualery, tenía como objetivo que el artista aragonés se abriese al mundo y conociese a personas del mundillo fuera de las fronteras nacionales. «Estados Unidos es un país que da mucha visibilidad a los artistas», comenta el zaragozano, que define el programa como «completo y profesional, lleno de encuentros que te ayudan a entrar en contacto con muchos artistas de la ciudad».

Los tres meses de experiencia en Nueva York le han aportado muchas más cosas que los nuevos contactos. Una de ellas, por ejemplo, el tratamiento de su propia obra: «Nunca he sido un artista que explica sus cuadros, pero este es un asunto que en Estados Unidos se debe hacer de forma habitual». Enfrentarse a su propia obra y saber explicarla a gente «de toda clase, afición u origen» es una nueva habilidad que Moñú asegura que incluirá en sus futuros proyectos: «Seguro que lo haré, porque ayuda a que la gente comprenda mejor lo que quieres expresar».

La intensa introspección experimentada también es parte de esta vivencia. «El repaso a toda mi obra me ha servido para conocerme más y para aprender sobre mí mismo», reflexiona Moñú, que considera este proceso «una retrospectiva muy interesante porque funciona como ver muchas películas seguidas, en las que descubres que tú eres el protagonista».

Grandes diferencias

La vida durante los últimos tres meses no ha sido igual para Moñú. En una sociedad muy diferente y en un sector tan específico como el artístico, el zaragozano ha tenido que cambiar muchas cosas para adaptarse al entorno.

«Los dos primeros meses de la estancia los dediqué a pintar mucho y el último ha sido algo más ligero», narra el pintor, que se ha encontrado en todo momento con un mundillo «mucho más profesionalizado» que en España. Como ejemplo, Moñú cita la organización de las exposiciones: «Aquí tienes que hacer muchas más cosas, es algo más libre; mientras que en Estados Unidos había que pasar por muchas manos, para que todo saliese perfecto».

 Las tendencias que marcan el mercado estadounidense es también una de las cosas que ha sorprendido al aragonés. «Estilos y tendencias que hoy suceden allí llegarán en unos meses a España», cuenta Moñú, que, sin embargo, recomienda a los estadounidenses girar la mirada hacia aquí: «Ellos deberían copiar nuestros valores y la cercanía que tenemos entre todos nosotros». Una de las cosas que también prefiere el artista es el proceso creativo que puede desarrollar en su ciudad natal: «Zaragoza es una ciudad idónea para la creación artística: es muy tranquila y te permite controlar todas las fases del proceso».

«Estar estos meses en Nueva York ha sido una gran aventura», relata Moñú, que guarda buenos recuerdos de sus excursiones por la inmensa metrópolis «cargando con los materiales de trabajo e imaginando qué iba a pintar después». Pese al encanto, su enamoramiento por ciertos lugares y la gran experiencia, Moñú no se quedaría a vivir allí: «Nueva York es una ciudad que te consume mucho». Aunque, consciente de las posibilidades que ofrece para un artista una ciudad como esta, tiene claro que «iré de vez en cuando».

La vuelta a la rutina

El regreso de Moñú a Zaragoza estuvo marcado por un evento muy especial: una de las primeras cosas que hizo el artista al volver a su tierra fue casarse. Un acto que inundó de alegría a un pintor que ansía algo que muchos detestan: la rutina. «Tengo muchas ganas de volver a mis ritmos y poder establecer mi forma de trabajo habitual», asegura.

«Es paradójico pero, pese a la beca, siento que llevo demasiado tiempo alejado de los pinceles», comenta el artista, que sí ha recuperado la base de todas sus creaciones: «Cada vez que me acuesto ya tengo claro lo que voy a pintar al día siguiente». Un edificio artístico que se construye desde el «no hablar con nadie hasta que sobre el lienzo no aparece lo que yo ya había imaginado».

Una experiencia tan importante como la beca de la fundación CAI ha cambiado a un José Moñú que, pese a los nuevos contactos y las nuevas tendencias, se va a mantener fiel a sí mismo: «Voy a seguir con mi sello de identidad, aunque es evidente que esta aventura va a cambiar mi forma de ver el arte».

Moñú participará junto a Santiago Herrero y al también artista Santiago Ydáñez en la elección del nuevo artista que se hará con esta beca. El veredicto, que saldrá a la luz a principios de abril, contará con la opinión de un Moñú que tiene claro los consejos que hay que dar para aprovechar la experiencia: «No tener prisa, tomárselo con calma y disfrutar mucho de la experiencia».