LA ESCENA MUSICAL EN LA COMUNIDAD

El mejor bluegrass de Aragón

La banda de Casetas The Bluegrass Lions acaba de publicar su segundo disco

The Bluegrass Lions (Roberto Artigas de pie con su contrabajo) en la taberna Vinos Chueca, su cuartel general.

The Bluegrass Lions (Roberto Artigas de pie con su contrabajo) en la taberna Vinos Chueca, su cuartel general. / EL PERIÓDICO

Rubén López

Rubén López

El mejor bluegrass de Aragón se cocina desde el barrio rural de Casetas. En concreto, desde la taberna Vinos Chueca. En ese espacio de creatividad, cuartel general durante muchos años de Joaquín Carbonell y Los Tres Norteamericanos, comenzó a fraguarse a principios de 2019 un proyecto innovador impulsado por el músico (y dueño de la cantina) Roberto Artigas, Gran Bob. «El germen de todo habría que situarlo hace ya casi ocho años, cuando comienzo a aprender banjo y me empiezo a interesar por su historia. Todo eso me llevó a conocer mejor el bluegrass hasta que un día engañé aquí a un amigo de la taberna (Julio López) y empezamos a trastear los dos juntos», recuerda Artigas.

Poco a poco se fueron incorporando nuevos músicos al proyecto hasta que dieron forma a The Bluegrass Lions. La banda –formada por Gran Bob al contrabajo, banjo, guitarra, armónica y voz principal, Gaby Morgan al banjo, Allué Cester al violín y mandolina y Julio Lopez y Javier Marín a las guitarras– acaba de publicar su segundo disco Viejos, viajes y tumbas, en el que vuelven a reinterpretar en castellano la esencia del folk tradicional americano. «Intentamos ir al origen del bluegrass con un sonido muy rítmico y orgánico que suene igual en el disco y en el directo», explica Artigas.

Se pudo comprobar el pasado jueves en La Malteadora, cuando presentaron el álbum en directo con la vista puesta en nuevos bolos a la espera de que mejore la situación pandémica. Viejos, viajes y tumbas ya puede adquirirse en Musicopolix, en Vinos Chueca y por correo electrónico.

Ese primer contacto con el banjo llevó a Artigas a profundizar en la historia del folk americano con raíces europeas y poco a poco se fue enamorando de todo lo que lo rodeaba. «Empecé a documentarme sobre esos inmigrantes, la mayoría irlandeses, que cruzaron el Atlántico y se asentaron en los montes Apalaches, a interesarme por esos hillbillies –habitantes de áreas remotas y rurales de EEUU– que desarrollaron esa música tan áspera en los años 40», explica Artigas, que reconoce que les gusta sentirse una especie de hillbillies a la aragonesa: «Sí, nos vemos representados por esa visión romántica de la vida y el amor por la naturaleza, pero en un barrio con mucha conciencia de clase trabajadora donde las cosas no son fáciles. Nos sentimos parte de esa cultura popular en la que la música es un arma para evadirse».

Este segundo disco, con ilustración del aragonés Xcar Malavida en la portada, se ha publicado apenas siete meses después del primero (Montañas brumosas), un álbum autoeditado y grabado ya antes de la pandemia. «Lo íbamos a presentar justo el fin de semana en que se declaró el confinamiento. No hemos tenido mucha suerte en ese sentido», apunta con una media sonrisa Artigas, que recuerda que antes del covid todos sus ensayos en Vinos Chueca eran abiertos al público.

A pesar de la crisis sanitaria pudieron presentar ese trabajo en directo en varios bolos y han seguido componiendo nuevas canciones. «No somos muy de estar parados; el segundo disco lo grabamos durante la pandemia y el tercero ya está medio esbozado», indica Artigas, que reconoce sentirse «muy en forma» a nivel creativo.

Tributo a Carbonell

De hecho, este no es el único proyecto en el que está inmerso. De forma paralela continúa con su otra banda (Blues Whale) y está ultimando un disco en recuerdo a su querido Joaquín Carbonell, fallecido en septiembre de 2020 por coronavirus. «Me falta darle los últimos retoques pero ya está grabado al 95% y espero publicarlo antes del verano. Son diez temas de Joaquín en clave bluegrass y se llamará Los 1.300 besos de tornillo, como un verso de su canción 30 de febrero», explica el músico de Casetas.

En el disco, grabado en el estudio Señor Sound, el Gran Bob toca el banjo, el contrabajo y la guitarra, mientras que Allué Cester, que lo ha producido, pone los violines y las mandolinas. «Quiero hacer mi particular tributo a Joaquín, un cantautor mayúsculo y una gran persona. Por eso he contado con las colaboraciones de algunos músicos que tocaron con él, como Eduardo Paz, José Luis Arrazola, Richi Martínez o Kalina Fernández», concluye Artigas, que creó junto a Carbonell y David Giménez el proyecto Los tres norteamericanos.