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CONCIERTO EN LA SALA MOZART

Rigoberta Bandini celebra la vida en Zaragoza

La artista catalana pone a bailar a una sala Mozart en ebullición y revoluciona a un público entregado a la causa

Rigoberta Bandini, en su concierto de este sábado en la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza.

Rigoberta Bandini, en su concierto de este sábado en la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza. / ÁNGEL DE CASTRO

Rubén López

Rubén López

Zaragoza

El tsunami Rigoberta Bandini ha arrasado este sábado la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza. La artista catalana ha puesto a bailar a un público totalmente entregada a la causa, con los asistentes puestos en pie y danzando delante de sus asientos a lo largo de la hora y cuarto que ha durado la actuación.

La expectación era máxima tras haber agotado las 1.500 entradas hace dos meses y eso se ha notado. Porque la comunión entre el público y la artista revelación del momento ha sido total, creando una especie de oda a la vida en la Mozart.

La catalana Paula Ribó ha vuelto a demostrar así su capacidad para conectar y emocionar a sus seguidores (no solo a las mujeres –de todas las edades– porque en el concierto de este sábado también había muchos hombres). Y todo sin ni siquiera haber publicado todavía un larga duración (ha editado tan solo nueve singles). Lo que está claro es que su electropop ha llegado para quedarse unos cuantos años.

La locura se ha comenzado a desatar en la Mozart casi desde la primera canción: In Spain We Call It Soledad, uno de los singles que publicó en 2020, cuando empezó a dar los primeros pasos este fenómeno musical ya imparable. En la mitad del tema el público ya estaba de pie cantando y bailando con una gran sonrisa en la cara. La segunda canción, Fiesta, ha confirmado las ganas de disfrutar de los asistentes, acumuladas quizá tras tantos meses pandémicos. «Por fin estamos aquí y ya nada lo podrá parar», ha indicado Bandini en clara referencia al concierto que tuvo que suspender el pasado verano en Zaragoza a causa del covid.

Acompañada por tres bailarinas

Vestida con su habitual falda de colegiala, Ribó –también actriz y anteriormente miembro del grupo The Mamzelles– ha demostrado sus tablas sobre el escenario, metiéndose pronto a todo el público en el bolsillo. Ha ayudado también la puesta en escena, sobria pero efectiva. Durante casi todo el directo la han acompañado tres bailarinas y, por supuesto, los otros tres componentes de la banda: Esteban Navarro al teclado, parte fundamental del proyecto en la composición y pareja de Ribó; Belén Barenys, voz secundaria, y Juanma Barenys a la percusión, ambos primos de Ribó. Todos ellos han confeccionado un espectáculo que ha logrado latir en el interior de cada uno de los asistentes.

Porque es precisamente ahí donde quizá estriba la clave del éxito de Bandini, en saber llegar y traspasar al oyente con ‘mucho espíritu’, al contrario de lo que dice una de sus canciones más conocidas. Para ello, entre sus bases y ritmos electrónicos va hilvanando frases como estas: ‘A ti que tienes siempre caldo en la nevera’, ‘Y es que, el universo es paz / Y nosotros damos golpes’, ‘Nadie habrá que pueda renunciar después a un Magnum almendrado’, ‘No había nadie preparado para dejar de avanzar / Nadie nos había contado, ¿quiénes somos de verdad?’. Letras con las que ha logrado armar un discurso auténtico y creíble.

Como las de la canción The fuck poem, la cuarta que ha tocado este sábado. Justo antes ha interpretado el tema de Jaume Sisa Qualsevol nit pot sortir el sol, incorporado desde hace tiempo en su setlist, y se lo ha dedicado «a todos los niños del mundo». Luego le ha tocado el turno a la versión de Mocedades Cuando tú nazcas y posteriormente ha interpretado sus temas Julio Iglesias y Tú y yo.

El corazón contento

Para entonces, el público de la Mozart hacía ya mucho que se había enamorado de la Bandini. Y ella lo ha notado. «El nivel de entrega está siendo fuerte, sois un público increíble, y este lugar es brutal, venís por todos lados», ha destacado la artista, que ha seguido celebrando la vida y el amor con una versión de Corazón contento, la canción de Palito Ortega que hizo célebre Marisol. La catalana se ha arrancado a cantar hasta la canción de Caillou, el personaje de dibujos animados al que puso voz Ribó.

Después le ha tocado el turno a su tema Que Cristo baje, que ha precedido la apoteosis final con sus cuatro canciones más conocidas: Perra, Ay mamáA ver qué pasa y Too many drugs. Especialmente explosivo, y hasta catártico para algunos espectadores, ha sido el momento Ay mamá, el tema con el que optó a representar a España en el Festival de Eurovisión.

Y así, tras apenas una hora y cuarto, el concierto ha concluido («no tenemos más canciones», ha dicho Bandini). Quizá breve pero muy intenso y con el público colmado y feliz. Por megafonía ha comenzado a sonar el Yo quiero verte danzar de Franco Batiatto, un cierre idóneo para una gran fiesta. Porque la Mozart ha danzado y ha gozado a lo grande este sábado.

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