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El Periódico de Aragón

MÚSICA

Crítica del concierto de Bab L’Bluz: Limpiando las puertas de la percepción

La propuesta de Bab L’Bluz, a la que sin remilgos podemos incluir en la taxonomía rock-blues psicodélico, tiene sus raíces en la música hipnótica de los gnawa, pero va mucho más allá

Bab L'Bluz en su concierto del sábado en el Centro Cívico Delicias de Zaragoza.

Al psiquiatra británico Humphry Fortescue Osmond debemos la invención del neologismo psicodelia, armado a partir de dos palabras griegas que significan alma y manifestar. De ahí que algo definido como psicodélico se interprete como "que manifiesta el alma". La historia de la música popular ha dejado, como saben, vigorosas muestras de lo psicodélico, o si lo prefieren, de lo que denominó rock ácido. Sonidos para entrar en trance, en definitiva. De eso podemos encontrar también gozosas manifestaciones en la música marroquí, a cuyas fuentes fueron a beber artistas como el primigenio rolling stone Brian Jones, que viajó al sur del Riff, o Jimi Hendrix, quien, hechizado tras asistir en Esauira a una ceremonia Lila (gnawi) le dijo al músico que tocaba el guimbri (especie de laúd de tres cuerdas, con caja rectangular recubierta de piel): “Eres un sanador de almas”.

Pues de eso vamos hoy: de guimbris, música gnawi, trances, sanadores de almas, rock y blues magrebí… En fin, de una singular, envolvente y arrebatadora sesión musical ofrecida el sábado, en el Centro Cívico Delicias, dentro del ciclo De la Raíz,  por el cuarteto franco-marroquí Bab L’Bluz. Un soberbio colocón de psicodelia con acentos norteafricanos que nos dejó patidifusos. Yousra Mansour es la voz cantante de la formación. Toca un guimbri electrificado y más pequeño (awicha) que los que manejan los intérpretes masculinos. De hecho, Yousra, siguiendo los pasos de la argelina Hasna El Becharía, es de las pocas mujeres que toca el guimbri (su compatriota Asmâa Hamzaoui, que lidera la banda Bnat Timbouktou es una de ellas). Brice Bottin (guimbri electrificado, coros y mandolina eléctrica), Hafid Zouaoui (batería) y Jêrome Bartolome (flauta, karkabs y programaciones) completan la banda.

Sí, la propuesta de Bab L’Bluz, a la que sin remilgos podemos incluir en la taxonomía rock-blues psicodélico, tiene sus raíces en la música hipnótica de los gnawa (subsaharianos que llegaron como esclavos al Magreb), pero va mucho más allá, recogiendo acentos chaabi y bereber, ritmos mauritanos (de hecho, interpreta una canción de la gran Dimi Mint Abba) y por supuesto, patrones de rock y blues. Además, en la voz prodigiosa de Yousra (su presencia escénica es como un imán) confluyen los ecos de las mejores gargantas del Magreb y de Oriente Medio. Todo eso, en beneficio de un directo explosivo, repleto de vibrantes desarrollos instrumentales y cuya fuerza no depende tanto de que las canciones tengan un tempo rápido, sino del pulso interno que les otorga una interpretación espléndida.

Las piezas del disco Nayda! (vocablo polisémico que en Marruecos significa generalmente elevarse o alzarse, pero que también nombra, en árabe dialectal, un movimiento festivo, no exento de protesta de la juventud urbana, y también una forma de renovación artística), paradigma de despertar espiritual y una invitación a cuestionar todas las formas de dogmatismo, fueron el armazón del repertorio. Por cierto: Bab significa puerta y Bluz es una forma de escribir blues. Ahora, recordemos a William Blake y sus Bodas del cielo y del infierno: “Si las puertas de la percepción se limpiaran, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito”. Así percibimos la música el sábado en Delicias: infinita. ¡Qué viaje!

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