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El Periódico de Aragón

SALA LÓPEZ

Crítica de Javier Losilla de The Flamin' Groovies: Saltando (o casi) en la noche

Las canciones sonaron con el brío que contienen sus acordes y la agitación que provoca la música hecha con el corazón

The Flaming' Groovies actuó este sábado en la sala López de Zaragoza.

Dos conciertos vistos en Zaragoza de grupos de esos considerados viejas glorias (tal vez convendría anotar que no es la gloria sino sus creadores lo que envejece), de los que a priori no esperas gran cosa, tengo colocados en el Olimpo de la magia perpetua: el que The New York Dolls dio en la sala Oasis en diciembre de 2008, y el que el sábado pasado ofreció The Flamin’ Groovies en la López.

Cyril Jordan, Roy A. Lonely, George Alexander, Tim Lynch y Ron Greco crearon en San Francisco, en 1965, Bay Area High School Band, germen de lo que pronto sería The Flamin’ Grovies. Jugando a la contra, Cyril y compañía no eligieron transitar por el camino del rock ácido, de la psicodelia que la mayor parte de las bandas de San Francisco había tomado, no: optaron por lo que en ese momento podía considerarse un anacronismo: el rhythm & blues, el rock enérgico y el power-pop. Grabaron discos gloriosos, recibieron el fervor de la crítica y una cierta indiferencia del público, y la formación sufrió no pocos cambios, pero su música, precursora de alguna forma de tiempos sonoros posteriores, permanece inmarcesible.

Cierto es que el infatigable Jordan le pesa en la voz su condición de septuagenario, pero quedémonos más con el sentimiento que con la potencia

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En la actualidad, tras muchas mutaciones en el grupo, solo el incombustible Jordan (cantante y guitarrista), con su inamovible y sesentero peluquín (una rebelión coqueta contra el calendario (en agosto cumplirá 74 años) permanece en activo al frente, eso sí, de unos músicos solventísimos. Cierto es que el infatigable Jordan le pesa en la voz su condición de septuagenario, pero quedémonos más con el sentimiento que con la potencia. Y cuando la cosa apura, ahí están el batería y el segundo guitarrista para echar una mano.

Así que nada de nostalgias de ocasión. Con todos los peros que uno quiera poner, piezas como Way Over My Head, First Planet Home, Shake Some Action, I Can’t Hide, Yesterday’s Numbers y Jumpin’ In The Night, entre otras, sonaron con el brío que contienen sus acordes y la agitación que provoca la música hecha con el corazón. ¡Que la llama del ritmo siga encendida!

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