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El Periódico de Aragón

LA VISITA A ZARAGOZA DE UN RECONOCIDO ESCRITOR

Isaac Rosa: "La figura del pícaro es una especie endémica en este país"

El escritor andaluz ha presentado este martes en Zaragoza su novela 'Lugar seguro', que el pasado febrero ganó el Premio Biblioteca Breve

Isaac Rosa, este martes en Zaragoza. ANGEL DE CASTRO

El escritor andaluz Isaac Rosa ganó el pasado mes de febrero el Premio Biblioteca Breve con Lugar seguro, una novela picaresca del siglo XXI nacida del miedo colectivo de la pandemia. Según destacó entonces el jurado del galardón que concede cada año la editorial Seix Barral, Lugar Seguro «hace un retrato genial de tres generaciones de granujas de una misma familia que se aprovechan de las grietas del sistema en su beneficio. Se trata de una novela que atrapa e incomoda y que refleja desde la ironía y la controversia el momento de incertidumbre que vive la sociedad actual». El escritor sevillano la ha presentado este martes en la librería Cálamo de Zaragoza.

¿Por qué quiso recurrir a la figura del pícaro para armar una novela sobre el miedo ante el fin del mundo? 

Inicialmente no pretendía hacer una novela picaresca. Sí tenía claro que quería escribir sobre los llamados emprendedores, pero no estaba pensando en términos de picaresca. Fue después, una vez terminado, cuando me di cuenta de que era fácil vincularlo con esa tradición porque los protagonistas del libro, como los pícaros clásicos, vienen de origen humilde y están obsesionados con el ascenso social. Para ello recurren a todo tipo de argucias y, como en la picaresca tradicional, tienen ese fatalismo de que les sale mal. Al final, cualquier historia protagonizada por un buscavidas nos lleva de vuelta a ese género.

La realidad, ahora por ejemplo con el caso de las mascarillas en Madrid, nos recuerda de forma recurrente que la picaresca está más que arraigada en España.

Sí, no creo que sea una cosa exclusivamente española, pero es una especie endémica en este país. Una especie que además se va adaptando y tiene la capacidad de estar ahí donde se encuentra el dinero fácil, véase las mascarillas, el ladrillo, o las criptomonedas. A veces se les llama pillos y otras directamente golfos. Cuando les sale bien son emprendedores, son admirados y acaban dando charlas en escuelas de negocios, pero cuando les sale mal decimos que son unos pícaros. Lo que está ocurriendo por ejemplo con lo de Luis Medina es un buen ejemplo de cómo determinadas historias totalmente reales desafían la verosimilitud. Si yo metiera un personaje como él en una novela, con sus conversaciones y demás, me dirían que estoy haciendo una caricatura y que es un libro de brocha gorda. 

‘Lugar seguro’ se desarrolla en tan solo 24 horas.

A mí me gustan mucho las novelas circadianas. Se nombra siempre el Ulises de Joyce, pero yo me acuerdo más de La señora Dalloway de Virgina Woolf. De hecho, en mi novela dejo algún guiño a esa obra. De todas formas, la inspiración inicial o el homenaje que quería hacer cuando empecé a escribir Lugar seguro hay que buscarlo en el relato El nadador, de John Cheever, e incluso en la película que protagonizó Burt Lancaster. Esa historia del tipo triunfador que decide ir de piscina en piscina hasta su casa y que según avanza la jornada vemos que el caer del sol coincide con su decadencia hasta que llega a su domicilio muerte de frío y solo.  

Como es habitual en su trayectoria, esta novela tiene un importante peso político.

Inicialmente sí que quería abordar unos temas que ya he tratado en libros anteriores, como todo lo que tiene que ver con la sociedad del miedo o los imaginarios del futuro siempre en clave distópica, pero cuando estoy escribiendo, además de una parte racional, también hay una parte intuitiva e incluso accidental. En esta novela se me cruzó por el camino el concepto del búnker durante el confinamiento y eso determinó también el libro. De todas formas, cuando me dicen que escribo novela de ideas o política no lo acabo de entender muy bien, porque no creo que haya una novela que no tenga ideología. Lo que ocurre es que solo solemos señalar como novela política las que critican.

En ‘Lugar seguro’ aborda el concepto de ascensor social. ¿Ha dejado de funcionar?

Durante un tiempo funcionó y permitió que los hijos de la clase trabajadora pudiéramos ir a la universidad, pero eso es algo que en los últimos años se ha roto. El ascensor social se ha averiado y se está demostrando la incapacidad de que los de abajo suban. La sociedad de clases se ha vuelto más rígida y se está poniendo en cuestión todo el discurso de la cultura del esfuerzo y la meritocracia, sobre todo entre los más jóvenes. Obviamente, todo ello alimenta el malestar y el resentimiento. De hecho, es una de las causas del ascenso de los totalitarismos, aunque hay muchas más, como el deterioro de las condiciones de vida.

En una época en la que todas las ficciones futuristas son apocalípticas, ¿se puede imaginar un futuro que no sea distópico?

Debería, pero por el momento la ficción dominante no lo está consiguiendo. Todas las miradas hacia el futuro reflejan el presente y esa insistencia en la distopía es un reflejo de los miedos y los malestares de nuestro tiempo. Todo ello refuerza ese discurso de que no hay futuro. Por eso quería escribir una novela en la que se abre una posibilidad de cambio y surgen movimientos que creen que otro mundo es posible a partir de nuevas formas de organización colectivas, sin caer eso sí en la utopía.

¿La amenaza del colapso global está más cerca que nunca o ha habido tiempos peores?

Bueno, creo que hay mucho de desmemoria o de idealización del pasado. Que les pregunten a nuestros abuelos si estaban preocupados por el futuro. Al final hay mucho de espectacularización y fascinación por el apocalipsis; destruir algo siempre ha sido más fascinante y espectacular que construirlo. Todo eso hace que pensemos que estamos en el peor momento, pero no creo que sea así. Me niego a pensar que lo que nos espera es el búnker. 

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