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Crítica de Javier Lahoz de 'La cría', de Pablo Rivero: Queridísima mamá

El autor aborda la figura de una madre atroz que carece de límites y que desconcierta por lo que muestra y oculta

Pablo Rivero presentó recientemente su libro en Zaragoza. EL PERIÓDICO

Parece ser que numerosas grandes estrellas fueron víctimas de madres ambiciosas que se dejaron la piel, y lo que hiciera falta, para que sus adorables criaturas triunfaran y ya de paso se convirtieran en un inagotable flujo de dinero contante y sonante. Pensando en la ficción, me viene ahora a la cabeza aquella película de Visconti en la que la Magnani sacrificaba lo que hiciera falta para que su joven hija tuviera posibilidades de ser la elegida al presentarse a una prueba como actriz. Podrían ambas tener algo en común pero nada que ver con esta madre que aparece en la novela La cría, un personaje atroz que carece de límites y que desde el principio desconcierta por lo que muestra, lo que oculta, lo que manipula, lo que dice y lo que hace.

Las redes sociales yo no las manejo mucho. De ahí que me aturulle cuando asisto como testigo al poder que alcanzan y a la obsesión existente por parte de muchísimas personas por conocer aspectos irrelevantes de la vida de los demás, anónimos y ajenos en su mayoría. En estas páginas que acabo de terminar la situación es llevada al extremo. O no. Quizás la realidad, esa que suele superar a menudo a la ficción, roce lo espeluznante y no falten progenitores que conviertan a sus hijos, desde el mismo nacimiento, e incluso antes, en el centro de todas las miradas, burlas y comentarios. Y todo esto es lo que el lector, víctima de un desasosiego permanente y de un ritmo trepidante, va a encontrarse en cada página una vez que haya desaparecido Lucas, un niño ideal que justamente es calificado como el más famoso de España.

Compartir a través de las redes sociales

Yo desconocía que existe un término, sharenting, para definir la práctica de los padres en compartir la vida de sus hijos a través de las redes sociales, circunstancia que tiene sus debates porque sin duda tiene su miga. Y ese es el eje sobre el que gira la trama, construida para que enganche de principio a fin, terminando cada capítulo con un más difícil todavía y contando con sorpresas que aparecen con la misma facilidad que por ejemplo la que posee un mago para sacar palomas de una chistera. Surgen momentos del pasado para entender el presente, pero la acción transcurre en un único día, en el que todos los esfuerzos se centran en la búsqueda del pequeño. Miradas vigilantes, ambiente claustrofóbico, comportamientos sospechosos, mentiras y más mentiras, secundarios que no van con segundas y pantallas por todas partes, porque nada parece tener sentido si no hay cerca un móvil que no deje de acumular imágenes y vídeos.

Los elementos propios del thriller funcionan a la perfección, y se le permite al terror asomarse. Las máscaras y los disfraces lo facilitan. Siempre he pensado que caracterizarse de un personaje que asociamos a la infancia o que nos resulta reconocible provoca mayor angustia que si se tratara de un ser inventado. El conejo Sweet Bunny es la estrella que necesita a los más pequeños para alcanzar un poder mediático grande, y cada vez que sus orejas aparecen o desaparecen es para echarse a temblar. Da incluso más aprensión que la madre, que ya es decir.

Giros inimaginables

Otra de las protagonistas clave es Candela, teniente de la Guardia Civil que tiene también sus cosillas, como se va indicando a lo largo del libro y que serán desveladas conforme se acerque el desenlace, lleno de giros inimaginables que suman desconcierto y que dejarán maravillados a quienes se mantengan fieles a las emociones fuertes. Su compañero, Mateo, la complementa a la perfección, y son las deducciones de ambos las que logran que nada ni nadie evite ser investigado. Lucas tiene una hermana mayor, Judith, educada en la obsesión de figurar en lo más alto en lo que respecta a acumular notoriedad dentro de su mecanismo digital.

La cría es el cuarto libro de Pablo Rivero. Su trabajo como actor es muy reconocido, y si bien el gran público disfruta de sus interpretaciones es su talento como escritor el que también merece no menos atenciones. La valentía con la que afronta en esta historia determinados temas la hacen todavía más atractiva. Y no me cabe duda de que la estructura, capítulos cortos en los que prima el diálogo, la revelación de secretos inconfesables y el miedo que se palpa en cualquier rincón, hacia el que es peligroso acercarse confiado, atrapan hasta el punto de temer alguna sombra imaginaria. 

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